Japón respira tranquilo después que sus dos últimos rehenes retenidos en Irak fueron liberados sanos y salvos, poniendo al menos por ahora fin a una crisis que ha sacudido al pacifismo de la nación del sol naciente.
El periodista independiente Junpei Yasuda, de 30 años, y el activista de derechos humanos Nobutaka Watanabe, de 36, fueron liberados en una mezquita de Bagdad alrededor de las 08h30 GMT y quedaron en manos de responsables de la embajada japonesa.
La liberación, que llega dos días después de la de otros tres rehenes japoneses, fue saludada con alivio por el primer ministro, Junichiro Koizumi, cuyo gobierno ha estado sumido en una grave crisis como consencuencia de los secuestros.
En tanto, las familias de los italianos secuestrados rogaron por su liberación.
Los jóvenes, guardas de seguridad, estaban en Italia por meras cuestiones de trabajo y que no tenía nada que ver con política.
El lunes pasado, combatientes secuestraron a cuatro italianos. Dos días después mataron a uno.
Y la crisis, si se quiere llamar de alguna forma, ya tocó también los servicios básicos.
El presidente del Colegio de Arquitectos, Francisco Miguez, citó el caso de barriadas donde al no haberse planeado una metodología de desarrollo de red vial, con acueductos, electricidad y agua al mismo ritmo que se está desarrollando las urbanizaciones, no cuentan con los servicios necesarios.
A su juicio, el MIVI intenta hacer un plan moderador, pero carece de los recursos, apoyo y la voluntad política para ponerlo en práctica. No hay coherencia ni coordinación entre las instituciones.
Las palabras del arquitecto Miguez se sustentan en cifras del último censo realizado en el año 2000 por la Contraloría General de la República, el cual señala que de 187 mil 729 personas registradas, 2 mil 558 no tienen agua potable, mientras que 4 mil 343 no tienen suministro de energía eléctrica. Un total de 72 mil 325 personas no cuentan con teléfono.
Pero para el ingeniero Cano, por lo menos en lo que respecta al vital líquido, una de las deficiencias en el abastecimiento es el excesivo consumo, lo que es agravado por el desperdicio.
Hay que castigar el excesivo consumo de agua. Con esto no queremos decir que se aumente la tarifa sino que se castigue el derroche, señaló.
Mizrachi, en tanto, opina que la urbe capitalina ha tenido un crecimiento alarmante y lo preocupante es que no se ha desarrollado al mismo nivel.
A pesar de que existen límites para la expansión de la ciudad, los inversionistas buscan los terrenos más baratos, ocasionando problemas en el transporte, abastecimiento de agua, entre otros.
A ello se añade, que las personas, por obtener una vivienda más barata se mudan hacia esos lugares. La legislación panameña no puede prohibir a un urbanista desarrollar una barriada, sólo puede recomendar, aclaró.
Cano, considera como una opción, que el desarrollo de la ciudad capital se extienda a las áreas revertidas, siempre y cuando se preserven los parques naturales, la Cuenca Hidrográfica del Canal, además de los lagos que abastecen del vital líquido a la ciudad.