Llegó el momento para que los gobernantes latinoamericanos actúen de lleno contra la pobreza y, la desigualdad social. Este fue el llamado que dio la presidenta de Chile Michelle Bachelet, al inaugura en Santiago, la Cumbre Iberoamericana.
Y es que después de 17 eventos similares, los resultados de lo que se aprueba han sido buenos, pero no al ritmo que se requiere y mucho menos para enfrentar los grandes retos de un mundo en constante cambio.
América Latina ha bajado los niveles de pobreza en los últimos años con el respectivo crecimiento económico de cada país, pero se necesita trabajar más.
Esa es la preocupación que se dejó en evidencia al inicio del encuentro de los mandatarios.
Por un lado, es evidente que con abuso de los recursos naturales y la globalización que a todas luces beneficia a las naciones poderosas, el número de pobres se incrementará notablemente.
Por otro lado, el hecho de que desde finales de los 90 los partidos de izquierda empiezan a llegar a la presidencia, también es un mensaje de que las cosas no se están haciendo bien.
Los llamados izquierdistas, que se inclinan a las políticas socialistas, están tomando el poder por las urnas, lo que para algunos expertos se debe a que los gobiernos democráticos (capitalistas derechistas) no están solucionando los problemas de los más necesitados.
En pocas palabras los pueblos se están cansando de las promesas y le están dando una oportunidad a los socialistas.
Durante la primera sesión de la Cumbre entre los discursos más relevantes está el que dijo el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, quien ofreció ayudar con un fondo que busca aliviar el problema del acceso al agua que sufren unos 58 millones de latinos.
Por su parte Hugo Chávez planteó la idea de un "Petroamérica", similar, aunque para toda la región, a su iniciativa ya existente: Petrocaribe, con la que ha sellado alianza con los países caribeños para darles petróleo a bajo costo.