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Llegó la hora de la gran colisión

Científicos aguardan la puesta en marcha el próximo miércoles del gran acelerador de partículas.


Imagínese un experimento científico que lleva tal cantidad de cable (10 veces más fino que un cabello humano) como para cubrir de sobra la distancia de la Tierra al Sol cinco veces; que uno de sus detectores es más grande que la parisiense catedral de Notre Dame y que otro tiene un sistema de imanes con más hierro (10,000 toneladas) que la Torre Eiffel.

Todo ello está montado en un túnel circular de 27 kilómetros que las partículas elementales de los experimentos recorrerán más de 11,000 veces por segundo.

Cuando choquen entre sí en cuatro puntos de colisión, las partículas se desintegrarán y crearán otras nuevas nunca producidas hasta ahora artificialmente, en condiciones controladas de laboratorio.

 

Los físicos que estudian los componentes fundamentales de la materia están entusiasmados e impacientes por empezar a trabajar con este colosal experimento.

Gran Colisionador.
Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en sus siglas en inglés) y se estrenará dentro de una semana en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), junto a Ginebra.

Allí, a un centenar de metros de profundidad, en el túnel del acelerador, físicos e ingenieros de todo el mundo se afanan por acabar todo a tiempo para inyectar los primeros haces de partículas en el LHC el 10 de septiembre.

 

Es un acelerador único, que reposa en tecnologías de vanguardia desarrolladas para su propia existencia, pero que repercutirán en otras aplicaciones.

Su construcción se decidió en 1994 y especialistas de más de 80 países participan en el proyecto, cuyo coste ronda los 6,000 millones de euros.

El diseño, construcción y montaje de esta máquina científica supone tantos retos que es difícil elegir los más llamativos.

 

Un ejemplo: el LHC exige tal precisión en todos y cada uno de sus componentes que el efecto de marea de la luna sobre el terreno en la región de Ginebra provoca una variación de un milímetro en la circunferencia de 27 kilómetros del acelerador, generando variaciones en la energía de los haces, así que los físicos tendrán que tener en cuenta la influencia lunar en sus datos.

Estamos culminando un maratón con un sprint", dice Lyn Evans, director del LHC. "Ha sido un largo recorrido y ahora estamos todos deseando tener puesto en marcha el programa de investigación del LHC".

El encendido de una máquina así no se concreta en un momento apretando un botón, insiste Evans.

 

Desde hace meses, se han ido completando y probando los ocho sectores que forman la circunferencia del acelerador integrada por más de 1.500 grandes imanes superconductores, conectados en fila uno con otro, para acelerar y guiar los haces de las partículas que circularán dentro, por un tubo de alto vacío.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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