Las carreteras se derriten, las vías de ferrocarril se tuercen y los paneles de vidrio de la estación de autobuses de Newcastle se derrumban.
No, no es el fin del mundo. Se trata de la ola de calor que azota el Reino Unido, con temperaturas el martes de 32, 9ºC registradas en el aeropuerto de Heathrow y que podrían llegar a los 37ºC este miércoles. Con ello se batiría el récord histórico de temperaturas en julio.