ADavid Plouffe nada lo perturba y en contadas ocasiones levanta la voz, quizás porque prefiere prestar toda su atención y concentrar sus energías en interesantes y atractivas campañas políticas.
Este hombre, de 41 años, fue el director de la que se considera la mejor campaña presidencial en la historia de Estados Unidos.
Un agradecido Barack Obama admite que Plouffe es el héroe no reconocido de su triunfo, el que se comenzó a gestar en diciembre del 2006, cuando tuvo lugar la primera reunión para trazar la estrategia hacia las primarias.
Otro David, de apellido Axelrod, un ex reportero del Chicago Tribune, fue el estratega en jefe de la campaña. Los dos David han trabajado juntos desde hace ocho años y son socios de una empresa consultora de Chicago.
Los David tienen en su haber una campaña que además de exitosa hizo historia al permitir que en el 2006 Deval Patrick se convirtiera en el primer gobernador negro de Massachusetts y el segundo en la historia del país.
Plouffe, reservado e intelectual, trabajó también en la campaña, marcada por el triunfo, del senador demócrata por Iowa, Tom Harkin. Para dedicarse a ello, abandonó sus estudios de ciencias políticas en la Universidad de Delawere.
Trazando el camino.
Cuando llegó el momento de trazar el plan para Obama, en el 2006, Plouffe tenía claro que la estrategia debía ejecutarse estado por estado, pero concentrándose en cuatro de ellos en una primera etapa: Iowa, Nuevo Hampshire, Nevada y Carolina del Sur.
Su experiencia en el Comité de campaña congresional del 2000 y 2006 le había permitido conocer a profundidad los distritos electorales y los condados que los integran. Y no hay duda de que supo sacarle partido a su conocimiento y a su astucia al marcar en el mapa los condados donde podían obtener el mayor número de delegados por distrito electoral.
Sabía que como los delegados se asignan por proporcionalidad, había que concentrarse en ganar el mayor número, a diferencia del grupo de Hillary Clinton, que se enfocó en ganar estados grandes, subestimando a los más pequeños.
Un ejemplo del acierto de Plouffe fue en las primarias de Nevada, donde Obama obtuvo más delegados, pese a que Clinton ganó el voto popular.
Otro principio aplicado por Plouffe es el de la eficiente administración de los recursos. El equipo de campaña sabía que no había reembolsos por taxis, sino por el uso del metro; que había que hospedarse en habitaciones dobles, no en individuales. Un tacaño en todo el sentido de la palabra, pese a que Obama fue un fenómeno recaudando dinero.
El Director de campaña era el encargado de supervisar el plan, del manejo de la prensa, de la recaudación de fondos, los viajes.
Ejército de la esperanza.
Plouffe previó la fuerza del voto de los jóvenes. Su equipo de trabajo tenía las listas de los que no estaban registrados y la estrategia era visitarlos para convencerlos de que se inscribieran en el padrón de electores.
Esa y otras importantes tareas las realizó un grupo multitudinario que ha quedado registrado como: "el ejército de persuasión de Obama", "el ejército de la esperanza", "la maquinaria de la esperanza".
Cuando se encontraban en la recta final hacia el 4 de noviembre, el inmutable Plouffe le envío un mensaje urgente a los dos millones de voluntarios: "Ve a donde la batalla tendrá lugar".
Los exhortaba a hacer un esfuerzo adicional para conseguir fondos y para desplazar al mayor número de personas a las urnas, sobre todo, a las que se habían registrado por primera vez, pues la experiencia demostraba que eran las que fallaban en los momentos decisivos.
Esos voluntarios, que tocaron millones de puertas y habían llamado a millones de teléfonos para dar a conocer a Obama al inicio de las elecciones internas del Partido Demócrata, acudieron a los campos de batalla electoral. Estaban empeñados en no fallar en los momentos decisivos.
"La complacencia es una gran preocupación y es por eso que lucharemos de principio a fin", había dicho por su parte David Axelrod, de 52 años, en una entrevista con The New York Times.
Lo menos que deseaban era que la gente pensara que la elección estaba decidida y Axelrod lo dejó claro: "Una de las cosas que podría arruinarnos es que la gente lo crea".
Hay que conocer al candidato.
David Axelrod conoce a Obama desde hace 16 años y eso le permitió diseñar una campaña en la que el candidato se conectara con la gente a través de una historia creíble de autenticidad, a través del mensaje de la esperanza.
Axelrod le insistía al equipo de trabajo que se olvidara de lo que había visto en otras campañas y se mantuvieran los rasgos distintivos del candidato del cambio.
Obviamente, que uno de los consejos fue ser muy prudentes ante las esperadas provocaciones de los republicanos y ante las campañas sucias que nunca faltan en toda contienda.
Y lo decía con conocimiento de causa, pues tenía experiencia en varias campañas locales y nacionales..., sabe que hay mucha agresividad política. En sus momentos de ocio, Axelrod se nutría leyendo viejos discursos políticos de Robert Francis "Bobby" Kennedy, quien fue fiscal general de EE.UU. y senador demócrata.