Obispos católicos de varios países, entre ellos latinoamericanos, pidieron hoy en Washington una "reforma profunda y humanitaria" de la ley de inmigración en EE.UU., y un tratamiento digno para los migrantes en México y otras naciones.
John Wester, obispo de Salt Lake City (Utah) y presidente del Comité sobre Migración de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, dijo en conferencia de prensa que la Iglesia Católica busca "formar una respuesta pastoral y multinacional a las personas forzadas a migrar por la violencia o por las dificultades económicas".
"En el debate en Estados Unidos sobre la inmigración a menudo se pierde de vista que esto es un fenómeno global y no reconocemos las razones económicas o políticas que empujan a la gente a migrar", añadió Wester.
"Exhortamos a los gobiernos en todas las Américas a que presten atención a las causas económicas que están en la raíz de la migración, a la creación de empleos y a soluciones humanas y duraderas para los problemas de la migración ilegal", dijo.
El obispo lvaro Ramazzini Imeri, de San Marcos (Guatemala), se refirió a la situación de miles de centroamericanos deportados a sus países desde Estados Unidos, y también a los secuestros de migrantes de la región en México.
"Muchos migrantes que provienen de América Central han sido secuestrados en México, y eso es un problema grave", sostuvo Ramazzini.
"En Guatemala la pobreza sigue incrementándose, y a tres años de vigencia del Tratado de Comercio de América Central (con EE.UU.) no vemos mejoría alguna en la vida de nuestro pueblo", añadió.
El arzobispo Rafael Romo Muñoz, de Tijuana (México), dijo que "la migración en el mundo entero es preocupación de la Iglesia porque la Iglesia se preocupa por la situación del ser humano, busca auxiliar al ser humano".
"En México, la migración es situación crítica: muchísimos de nuestros ciudadanos dejan el campo y eso es una de las grandes preocupaciones", explicó el obispo, quien agregó que las mujeres y los niños quedan solos sin protección, mientras los hombres adultos salen del país a buscar mejor vida.
Además de ser país de donde emigra población, México es "un lugar de tránsito", añadió Romo.
"A través de México vienen centroamericanos y caribeños y nosotros, los mexicanos, tratamos muy mal a estos hermanos nuestros", apuntó el obispo. "Lo mismo que pedimos de Estados Unidos hacia los mexicanos es lo que los centroamericanos y caribeños pedirían a México: un trato humanitario".
Wester reiteró que su comité, en el cual participan obispos de 22 países, trabaja por una reglamentación de la mano de obra y un esfuerzo continental para reprimir y desbaratar el tráfico de personas.
"Los obispos católicos en Estados Unidos han gestionado en favor de una reforma de las leyes de inmigración por mucho tiempo, pero el asunto se ha politizado cada vez más, lo cual dificulta la discusión", agregó.
Wester, quien al igual que los otros obispos se refirió a la ley de Arizona que convierte en un crimen la presencia en ese estado de inmigrantes indocumentados, sostuvo que la controversia en torno a esa legislación "ha tenido al menos un efecto positivo".
"Ha llamado la atención sobre la necesidad urgente de que el Gobierno Federal actúe de una vez por todas en cuanto a la inmigración", dijo. "Pero la aplicación de esa ley podría resultar en discriminación racial, y no resolverá el problema".