La empresa que construye las barracas, limpia las letrinas y da de comer a los soldados en la guerra de EU contra el terrorismo alrededor del mundo es la misma que dirigió el vicepresidente Dick Cheney hasta que asumió su cargo. El Pentágono le ha otorgado contratos de miles de millones de dólares sin tener que pasar por un proceso normal de licitación, y además en unas condiciones inexplicablemente ventajosas, contrarias a la política de control presupuestario del Gobierno: cuanto más gasten, más les pagan.
La empresa de servicios Brown & Root, subsidiaria de la petrolera Halliburton, de la que Cheney fue consejero delegado, fue elegida a pesar de que la estaban investigando en California por fraude y de que la Oficina de Control del Congreso recomendara al Pentágono que no se lo dieran porque anteriormente había pasado facturas infladas en decenas de millones de dólares. Por ejemplo, la factura de luz de las tropas estadounidense estacionadas en Kosovo ha ascendido anualmente a $17 millones de, el doble de lo necesario, según un informe del Congreso.
Tanto los altos mandos militares como la propia compañía afirman que los dos contratos actuales, con el Ejército y la Marina no los han conseguido con tráfico de influencias, sino por su experiencia y calidad de servicio. La portavoz de la empresa, Zelma Branch, dice que ni ellos se pusieron en contacto con Cheney cuando su propuesta la estaba evaluando el departamento de intendencia del Pentágono ni Cheney les llamó. "Nadie en su sano juicio concede un contrato así", opina el profesor Steven Schooner, especialista en contratos del Gobierno.