Fieles católicos, lugareños y foráneos se dieron cita, como cada Lunes Santo, en la localidad salvadoreña de Texistepeque, para que los “endiablados” talcigüines les purguen sus pecados a golpe de látigo, como manda la ancestral tradición de la zona noroeste de El Salvador.
Ataviados con túnicas y máscaras rojas, un total de 45 “hombres endiablados”, según el significado de talcigüín en náhuat, inundaron las calles de la localidad con el dolor que reparten sus látigos de cuero, con los que “limpian” de sus culpas a los asistentes.
La tradición de los talcigüines consiste en una representación teatral que recrea la eterna batalla entre “el bien y el mal”, en la que, año tras año, los “endiablados” son sometidos por Jesús, representado por Walter Salguero, quien dijo que “el todopoderoso triunfa, porque el bien siempre vence al mal”.
El acto, al que asisten cada año miles de personas, comienza desde muy temprano, cuando los participantes asisten a escuchar misa, además de confesarse y comulgar.
Posteriormente, los talcigüines corren despavoridos por las calles de Texistepeque, para encontrarse con Jesús en cada esquina, con quien libran una simulada batalla, en la que finalmente los "endemoniados", símbolo del mal, caen al suelo.