En los últimos meses se ha registrado un aumento de la actividad en varios volcanes de América Latina y, más que una coincidencia, expertos aseguran que se debe a que muchos de esos colosos se encuentran en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico y al constante movimiento de las placas tectónicas.
Calbuco y Villarrica, en Chile; Turrialba, en Costa Rica; Tungurahua, Guagua Pichincha y Wolf, en Ecuador; el Nevado del Ruiz, en Colombia; Concepción y Telica en Nicaragua, Volcán de Fuego en Guatemala y Ubinas en Perú son algunos de los volcanes que tienen en alarma a las comunidades que viven en los alrededores.

El vulcanólogo argentino Alberto Caselli, director del Laboratorio de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (Lesva) en Argentina, explicó a Efe que “es normal que existan coincidencias en la actividad volcánica de estos países, dado que sus volcanes pertenecen al Cinturón de Fuego del Pacífico y toda la región es un choque de placas tectónicas”.
En la misma línea, la vulcanóloga colombiana Martha Calvache señaló a Efe que ello corresponde a un proceso geológico normal de la tierra, “a veces los volcanes están callados por mucho tiempo, pero ello no significa que algún día no puedan reactivarse y hacer erupción como está sucediendo”.
“Los volcanes determinan el ambiente y han contribuido a que la tierra sea como la vemos ahora”, agregó la experta, quien explicó que en vez de que los colosos representen “un riesgo”, no “hay nada más ambiental que un volcán”.
El más reciente suceso en la región se registró en Chile con el volcán Calbuco, de 2,015 metros de altura y situado a unos 1,000 kilómetros al sur de Santiago, que desde el pasado 22 de abril ha tenido tres pulsos eruptivos, que obligaron a la evacuación de más de 6,000 personas desde localidades cercanas.
Incluso, varias localidades del suroeste de Argentina estuvieron en alerta por la trayectoria de la nube de cenizas expulsadas en la tercera erupción, a principios de mayo, del coloso, que ahora tiene 8 cráteres y lo hace aún más peligroso.
También hay una alerta amarilla, desde el 1 de junio, en torno al volcán Guallatiri, cerca de la frontera con Bolivia, y el 3 de marzo el volcán Villarrica, situado en la región sureña de la Araucanía, entró en erupción y obligó a la evacuación de 3,000 personas.
Ecuador cuenta actualmente con varios volcanes activos, como el Tungurahua, el Reventador, Guagua Pichincha, Wolf y el Sangay, que atraviesan por procesos eruptivos de distinta intensidad.
El Tungurahua, situado en el centro andino de Ecuador, mantiene una actividad sísmica “alta”, por lo que se declaró una alerta naranja, mientras que en el volcán Guagua Pichincha, que se levanta al oeste de Quito, se detectó a finales de abril un aumento de la actividad sísmica.
El volcán Wolf, situado en la isla Isabela, del archipiélago ecuatoriano de Galápagos, y que alberga la única población de iguanas rosadas del mundo, entró en erupción el 25 de marzo, sin embargo, las autoridades dijeron que los animales que habitan en el lugar no se verían afectados, debido a la dirección que tomó el flujo de la lava.
El volcán Reventador también mantiene una actividad “moderada” y, según han dicho las autoridades, las malas condiciones climáticas no han permitido observaciones.
En actividad también se encuentran los volcanes Concepción y Telica, en Nicaragua.
Esta semana, el Concepción presentó 29 pequeñas explosiones y las autoridades recomendaron a la población acatar las órdenes para prevenir tragedias y, además, se les pidió a los turistas no escalar el volcán, por la posibilidad de que se registre una erupción en la que arroje material incandescente.
Por su parte, el Telica, que se encuentra en actividad eruptiva desde el pasado 7 de mayo, suma más de 426 explosiones, algunas de ellas acompañadas de gases y cenizas.