Seis millones de personas acuden todos los años al santuario de Lourdes, en el sur de Francia, donde se apareció la Virgen en 1858 y donde desde entonces se han registrado siete mil curaciones inexplicables, de las que sólo 66 han sido consideradas "milagros" por la Iglesia Católica.
Lourdes, capital de los Altos Pirineos, se convirtió tras las apariciones de la Virgen a la niña Bernadette Soubirous, ocurridas entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, en una de las metas de la peregrinación internacional.
Los peregrinos que la visitan lo hacen para tomar el agua milagrosa que les cure, para ayudar a los miles de enfermos que acuden o simplemente para rezar ante la Virgen y pedirles paz y fuerzas para seguir adelante en la vida.
Durante las 48 horas que Juan Pablo II permanecerá en Lourdes, las autoridades francesas desplegarán un sofisticado dispositivo de seguridad para proteger al Papa y a los casi 400,000 peregrinos que acudirán a este santuario consagrado a la Virgen.
En total, 2,700 policías y gendarmes serán movilizados en un radio de 50 km. Muchos de ellos estarán únicamente encargados de canalizar a los peregrinos hacia Lourdes, una pequeña localidad de 15,000 habitantes, y evitar incidentes entre la multitud como robos y otras agresiones.
Desde las ciudades vecinas de Tarbes y Pau, quedará prohibido el paso de los vehículos particulares y los accesos se harán únicamente por tren o autobuses de la organización.
La Policía todavía recuerda que en 1983, cuando Juan Pablo II realizó su primera visita a Lourdes, un atentado con explosivos destruyó una estatua días antes de la llegada del Papa.