El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva recibió el alta médica y abandonó el hospital en el que ayer ingresó para someterse a la primera sesión de quimioterapia dentro del tratamiento contra el cáncer de laringe que padece.
El exmandatario, quien no hizo declaraciones a la prensa, dejó el centro sanitario, ubicado en São Paulo, por una puerta trasera con destino a su residencia, en el municipio próximo de São Bernardo do Campo. Lula estaba en compañía de su esposa, Marisa Leticia.
El doctor Arthur Kats, miembro del equipo médico que trata al exjefe de Estado, declaró que Lula se encontrará cansado en los próximos días y que puede hacer “vida normal dentro del tratamiento”, por lo que tendrá que limitar su agenda de trabajo.
Los especialistas sometieron a Lula a una tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés) con la que se descartó que el tumor se haya extendido a otras partes del cuerpo, según dijo a periodistas el cardiólogo Roberto Kalil, uno de los que atiende al exmandatario.
Kalil aseguró que Lula ya ha recuperado su voz normal y descartó que la quimioterapia haya causado cualquier tipo de efecto colateral.
Está previsto que el exgobernante regrese al hospital dentro de unas tres semanas.