Visita comunidades por todo el país, hace preguntas capciosas a ministros, bromea, ataca a la oposición y cumple desde hace semanas el libreto del telegobierno, pero el vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, no termina de llenar el vacío que dejó el presidente Hugo Chávez.
Lejos de las lágrimas que se le escapaban a finales de diciembre cuando hablaba de su mentor, Maduro ejerce ahora de líder del Gobierno realizando maratonianas jornadas que le llevan a pronunciar discursos con conocidas consignas, a hacer bromas, todo con el sello de Chávez.