Salvatore Mancuso, jefe de los paramilitares colombianos, levantó la cabeza y luego permaneció impávido a los gritos de una mujer que pidió castigo a los crímenes de esos grupos desde una de las tribunas del Congreso.
Sentado en una silla, en uno de los costados del salón elíptico de la Cámara de Representantes, Mancuso miró por un segundo a la mujer, quien se asomó repentinamente desde uno de los balcones para exigir justicia, en medio del llanto y el temblor de sus manos, mientras mostraba un retrato del senador de izquierda Manuel Cepeda, asesinado hace una década.
Luego, Mancuso se acomodó en su asiento e intentó concentrarse en el discurso que daba su compañero Ernesto Báez.
"La sangre de las víctimas grita; no puede haber paz a costa de la impunidad", exclamó la mujer al salir del recinto.
Previamente Mancuso, había ocupado el estrado para pronunciar un discurso en el que se presentó como un "creyente en Dios, padre de familia y un empresario que fue empujado al conflicto" por las guerrillas izquierdistas.
Invitados por un grupo de legisladores, Mancuso, Báez y el veterano paramilitar Ramón Isaza, acudieron al Congreso, en medio de impresionantes medidas de seguridad.pppLa visita del líder de las AUC transcurrió en medio de protestas.