Doris es una menor que el pasado 21 de septiembre cumplió 10 años de edad, quien no puede escuchar, ver, ni hablar por los sentidos que utilizamos los demás seres humanos, pero se comunica maravillosamente a través de sus manos.
Su esfuerzo sirve de inspiración cada día, y más cuando escudriñamos sus orígenes.
Doris fue abandonada a los dos años de edad en la Cruz Roja; allí creció pero después fue trasladada al Hogar San José de Malambo, donde ha encontrado no sólo un albergue, sino también una familia donde es querida por todos, las hermanas y el personal que se desvive por ella y por los 160 niños del hogar.
Su maestra, Laura de Maldonado, es una mujer con mucha preparación y títulos, pero prefiere que simplemente la llamen "maestra".
Ella se ha dedicado en cuerpo y alma a enseñarle a Doris a escuchar, ver y hablar con las manos.
Verlas en acción es impresionante, lo que podría denominarse una simbiosis perfecta.
La pequeña Doris vive en una de las casas del Hogar Malambo junto con otras 20 niñas sin discapacidad alguna.
Su día comienza bien temprano cuando se prepara para ir a la escuela.
Rufina, su madre en el hogar, aprendió el lenguaje de señas para comunicarse con ella.
En la mañana le da instrucciones para que ella misma cuide de su aseo personal, desde el baño hasta vestirse, para después ir a la mesa a desayunar y salir hacia la escuela en Panamá, hasta las tres de la tarde, cuando regresa al hogar, donde prosigue sus actividades hasta las nueve de la noche, hora de ir a la cama.
A Doris le gusta la natación y es sobresaliente en buceo. También, la gimnasia y jugar en los aparatos que tienen en el jardín del hogar.
La maestra Laura no puede ocultar el orgullo que siente por Doris, con quien comenzó a trabajar de lleno hace dos años durante los cuales, aplicando una metodología aprendida en el extranjero, conocida como "Método de Yambandal ", le ha enseñado a Doris a decirle al mundo que ella existe, que está ahí y que no se va a quedar callada.
Doris se desespera cuando alguien que no sabe nada del lenguaje de señas, trata de comunicarse con ella y no entiende, que es la otra persona quien no sabe.
Su sistema cognitivo es normal, pero hay que enviarle los estímulos de lo concreto a lo abstracto.
Para enseñar a Doris hay que organizarla con un calendario de aprendizaje.
Según la maestra Laura es todo un proceso. Por ejemplo al hablar sobre una cosa especifica primero hay que ambientarla, que lo toque, que sienta de qué se trata, para luego enseñarle qué es. Como explicó la maestra, tiene que ir el objeto con la palabra.
Pueden estar seguro que no es fácil, pero la maestra Laura, y el resto del equipo de la Escuela de Sordos y personal del Hogar Malambo, han logrado que Doris, a pesar de no tener los dos principales canales de aprendizaje, la audición y la visión, además de aprender lo haya hecho rápido.
Y es que Doris, quien es poseedora de la ayuda de todas las personas de un lugar como el hogar Malambo y de profesores dedicados, ha demostrado que no hay obstáculos cuando uno se propone algo.
Pero Doris, aunque no es la única menor en Panamá con este problema, se ha convertido en líder, al igual que su maestra Laura, que con dedicación y dando más que un educador normal, imprime a su tiempo amor.
Enseñar es una bendición y más como lo hace la maestra Laura, quien está abriendo un nuevo mundo, que le permite movilizarse independientemente, por lo que damos gracias a Dios por esas manos.
La maestra Laura estudió en Chile este tipo de lenguaje.
Es una de las profesionales panameñas pionera en esta materia que se aprende en grandes universidades de Suramérica y España y que da una nueva oportunidad de vivir a los pequeños como Doris para que sigan adelante. Dios bendiga tus manos, maestra Laura.