Marines estadounidenses respaldados por tanques irrumpieron ayer en el centro del bastión final de Sadam Hussein y tomaron el control de su ciudad natal, en lo que podría ser el último gran asalto militar de la guerra.
Varios helicópteros artillados volaron a baja altura sobre un distrito y dispararon ametralladoras pesadas contra focos de resistencia, mientras patrullas de marines peinaban un enorme palacio presidencial en busca de partidarios del derrocado gobierno.
Los jefes militares estadounidenses dijeron que la caída de Tikrit llevó la campaña militar de 26 días en Irak a un "punto de transición". El general de brigada estadounidense Vincent Brooks, en el cuartel general de la guerra en Qatar, dijo que aún existía la posibilidad de combates, pero que no sería un "esfuerzo organizado del régimen".