Las gemelas María de Jesús y María Teresa Quiej Alvarez, que han robado el corazón de los guatemaltecos, iniciaron ayer una nueva vida en Guatemala, tras su retorno ayer de Estados Unidos donde fueron separadas de la cabeza en agosto pasado.
El presidente de la Fundación Pediátrica de Guatemala (FPG), Luis Morales, aseguró ayer que la gemelas amanecieron "de maravilla" y que el clima y su retorno a Guatemala "les esta cayendo muy bien".
María Teresa y María de Jesús salieron a tomar ayer el sol en el hospital privado "Nuestra Señora del Pilar", situado en una zona del sureste de la capital, luego de ser bañadas por las enfermeras y desayunar.
Mientras, el médico que dirigió la separación de las siamesas que nacieron unidas de la cabeza, Jorge Lazareff, dijo que tiene plena confianza en el sistema médico guatemalteco y que no le cabe la menor duda que la niñas recibirán un excelente tratamiento. Pese a que su desarrollo psicomotor fue afectado por el proceso de la operación "estamos optimistas de lograr su plena recuperación", señaló.
El desarrollo cultural y ambiental es el reto que tiene la Fundación Pediátrica de Guatemala (FPG) tras el retorno al país de María de Jesús y María Teresa, que nacieron unidas por la cabeza y fueron separadas en Estados Unidos.
En cuanto a su rehabilitación, "tenemos mucho que hacer, porque no sabemos si tendrán problemas auditivos o de visión", explicó el presidente de la FPG, Luis Morales, visiblemente emocionado por el regreso a Guatemala el lunes de las pequeñas gemelas.
La Fundación no quiere correr ningún riesgo y para garantizar el desarrollo digno de las "Mariítas", como se las conoce, les regaló una casa en la colonia Altamira en el municipio sureño de Villa Nueva, equipada y con dos teléfonos.
Según Morales, se quiere que ambas puedan vivir con normalidad cuando salgan del hospital privado "Nuestra Señora del Pilar", donde serán evaluadas por especialistas al menos durante 72 horas.
Un médico de la FPG, Ludwing Ovalle, afirmó que el primer gran reto, que era la separación, ya fue superado, y que otro desafío que tenían era la vivienda porque enviarlas a su comunidad de origen no era lo mejor, ya que una simple diarrea les puede costar la vida.
Ellas y sus padres vivían en la aldea Belén, en Santo Domingo Ovalle recordó que hace cinco años un niño guatemalteco que fue operado a corazón abierto en EU regresó a su lugar de origen en Mazatenango y falleció de una diarrea.
"No queremos que eso les suceda a las Mariítas" y por eso no se les envía a la aldea Belén, porque allí no existen los requisitos mínimos de salubridad para su desarrollo y cuidado, dijo.
Desde el punto de vista clínico, se tiene que esperar a ver cómo evoluciona el seno venoso que era el que compartían las siamesas, señaló el galeno.