Unas 5,000 personas se manifestaron ayer en la capital filipina para exigir la dimisión de la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, un día después del motín de militares rebeldes cuyos líderes planeaban también derrocar a la jefa del Estado.
Los manifestantes, pertenecientes en su mayor parte a grupos militantes de izquierda, se concentraron en la manileña Avenida de España para denunciar al Gobierno "moralmente corrupto" de Arroyo.
España es precisamente uno de los países que la mandataria filipina visitará durante su gira oficial que también le llevará a Francia y al Reino Unido, acompañada de varios ministros, unos cuarenta congresistas y decenas de empresarios.
Los activistas, a los que se unirán otros mil desde el barrio humilde de Quiapo, tienen previsto marchar hacia el palacio presidencial de Malacañang, donde les esperan decenas de policías antidisturbios desplegados para reforzar las medidas de seguridad ante posibles actos de protesta contra el Ejecutivo.
Previamente, el director de la Policía filipina, general Avelino Razón, ya adelantó que espera este tipo de concentraciones en apoyo de los renegados que tomaron ayer el Hotel Península en Makati, el distrito financiero de Metro Manila.
El general Danilo Lim y el ex oficial y actual senador Antonio Trillanes, los líderes de la rebelión frustrada, fueron trasladados al centro de detención de máxima seguridad del cuartel general de la Policía, que sigue buscando a una docena de soldados rebeldes que lograron escapar del cerco al hotel.
El secretario del Interior filipino, Renato Puno, admitió que sólo han sido detenidos 21 soldados del total de 33 que durante casi siete horas se atrincheraron el pasado jueves en el lujoso hotel Península de Makati.
Después de desbaratar el motín, el Gobierno decretó un toque de queda, con el propósito de impedir movimientos irregulares de tropas, la Policía detuvo en Manila a unas 872 personas. Los detenidos fueron puestos en libertad una vez verificada sus identidades.