En la mañana del lunes 6 de agosto de 1945, la pequeña población de Hiroshima fue el blanco de una de las más poderosas bombas atómicas y pese a que las alarmas antiaéreas sonaron, no pudieron escapar de la explosión y el fuego que esta generó.
El bombardero B-29, Enola Gay, al mando del piloto Paul W. Tibblets, fue el portador de la bomba de uranio llamada "little boy", que se lanzó sobre Hiroshima. Un ruido ensordecedor marcó el instante de la explosión, seguido de una gran ráfaga de luz que iluminó la ciudad.
La bomba estalló con una explosión de la magnitud de 12, 000 toneladas de dinamita, matando cerca de 70 mil personas al instante.
La temperatura del aire en el punto donde ocurrió la explosión alcanzó varios millones de grados centígrados. Varios millonésimas de segundos después de la explosión apareció una bola de fuego liberando una radiación térmica blanca.
Después de la detonación, Estados Unidos esperaba la rendición inmediata de Japón, esto no sucedió.
El fuego se apoderó de las ciudades, especialmente de Hiroshima, donde se formó una "tormenta de fuego" con vientos de hasta 60 kilómetros por hora.
Había incendios en todas partes. Miles de personas y animales murieron calcinados, o en su defecto sufrieron graves quemaduras.
Los daños ocasionados por esta bomba atómica fueron inimaginables.
El alto mando japonés daba por hecho que Estados Unidos sólo tenía una bomba atómica y, ya que el daño estaba hecho, se mantuvieron en armas. Sin embargo, esta actitud de los japoneses fue prevista por los estadounidenses y, para demostrar que tenían más bombas y de mayor fuerza destructiva, arrojaron una segunda bomba. Además de los daños inmediatos causados al hombre y a la propiedad, la bomba atómica destruyó una sociedad completa.
En poco tiempo, la ciudad perdió sus negocios, fábricas, almacenes, escuelas, hospitales, estaciones de bomberos y el gobierno municipal.
A parte de las edificaciones se perdieron familias completas, amigos. Los sobrevivientes perdieron barrios completos y su núcleo de relaciones sociales. Una destrucción sin precedentes.
Muchas personas pensaron que era imposible que la ciudad de Hiroshima se recuperara de los estragos originados por la bomba atómica y hubo rumores de que nada crecería en lugar en 75 años.
Pero a pesar de todo los sobrevivientes y residentes de la región se unieron para trabajar en la construcción de refugios provisionales, con el fin de sacar a la ciudad adelante. Con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, se llevó al mundo a la era nuclear y, con la creación de estas armas, el hombre se ha colocado al borde de su propia extinción. Esa amenaza se hace cada vez más latente con las incursiones misilísticas desarrolladas por Corea del Norte e Irán, que considera que tiene el derecho de ejecutar pruebas nucleares.
Estados Unidos, Corea del Sur y otras naciones se oponen al desarrollo de estas prácticas nucleares aduciendo que se violenta la paz del mundo.
Hoy piden fuertes sanciones contra Irán y Corea del Norte, provocando conflictos diplomáticos que mantienen al mundo a la expectativa.
Se espera que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas imponga las sanciones correspondientes, con el fin de evitar catástrofes que perjudiquen a los ciudadanos del mundo.
Este reconocimiento despeja el camino para que los demandantes puedan aspirar al reconocimiento estatal de sus enfermedades y, por tanto, a la percepción de compensaciones médicas especiales, algo muy difícil incluso en el único país víctima de un ataque nuclear.
El dictamen se produce al conmemorarse en Japón el 61 aniversario del estallido de la primera bomba nuclear lanzada sobre una población, el 6 de agosto de 1945.
Las quemaduras y enfermedades derivadas de la radiación a la que resultaron expuestos cientos de miles de personas han elevado con el transcurso de los años.