Es hora de prestar atención a ciertos síntomas y no confundirlos con el estrés. Si usted tiene debilidad repentina en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo, confusión súbita o problemas para caminar, hablar o entender, para ver con uno o los dos ojos, dolor de cabeza fuerte y sin causa conocida, mareo, pérdida de equilibrio o de coordinación, puede ser que esté sufriendo un accidente cerebrovascular.
Según los resultados de un estudio reciente, los sobrevivientes de un accidente cerebrovascular se sienten física y mentalmente peor que quienes no han sufrido este problema.
El accidente cerebrovascular se define como la muerte repentina de las células del cerebro como consecuencia de la obstrucción o ruptura de una arteria que impide la irrigación sanguínea al cerebro.
El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta notablemente cuando una persona hipertensa no controla su presión.
En Panamá los accidentes cerebrovasculares son una de las principales causas de muerte de la población representando más del 40% del total de los decesos del conjunto de los panameños.
Un nuevo estudio publicado en la revista Stroke: Journal of the American Heart Association muestra que la calidad de vida es significativamente inferior entre los sobrevivientes de un accidente cerebrovascular a la de quienes no lo han sufrido.
Existen dos tipos de accidente cerebrovascular: El accidente cerebrovascular isquémico, causado por la obstrucción en una arteria y el accidente cerebrovascular hemorrágico, causado por el sangrado de la ruptura de vasos sanguíneos en el cerebro.
Algunos de los factores de riesgo de un accidente cerebrovascular son, entre otros, hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, dieta rica en grasas saturadas y sal, sedentarismo, arritmias cardíacas, consumo excesivo de alcohol, consumo ilegal de drogas como la cocaína.
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable del accidente cerebrovascular (la mayoría de los pacientes que sufre un accidente cerebrovascular tiene hipertensión). La presión arterial elevada contribuye además al infarto, la insuficiencia cardíaca, la insuficiencia renal y la aterosclerosis.
El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta notablemente cuando la presión arterial elevada no se controla.
La hipertensión se define como una presión arterial repetidamente elevada (140/90 mm Hg o superior) independientemente de la causa.
Se la conoce como "el asesino silencioso", ya que no provoca síntomas hasta que se manifiesta, por ejemplo, como un accidente cerebrovascular. Se recomienda por lo tanto, un control periódico de la presión arterial.
Entre el 50 y el 70% de las personas que sufren un accidente cerebrovascular pueden volver a llevar una vida normal. Sin embargo, entre un 15 y un 30% enfrenta incapacidades permanentes, como dificultades en el movimiento, el equilibrio, coordinación, trastornos para caminar, tragar, hablar, parálisis de un lado del cuerpo, problemas de visión e incapacidad para controlar la vejiga.
El estudio publicado en "Stroke: Journal of the American Heart Association" es uno de los primeros en estimar el impacto que tiene el accidente cerebrovascular en la calidad de vida a escala nacional, en Estados Unidos.
Liderados por el doctor Jipan Xie, científico de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los investigadores analizaron datos de la encuesta "Household Component of the Medical Expenditure Panel Survey" realizada en 2000 y 2002.
De los 39.680 participantes adultos enlistados en el estudio, 1.040 habían sobrevivido a un accidente cerebrovascular. Todos ellos respondieron preguntas sobre funciones físicas, dolor, estado de salud general, funcionamiento social, limitaciones debidas a la salud física y problemas emocionales y mentales, entre otros.
Por otra parte, una encuesta realizada en países de América Latina evaluó el conocimiento sobre el accidente cerebrovascular, su prevención, sus consecuencias y su impacto en el paciente y su familia.
La encuesta, auspiciada por el laboratorio Merck Sharp & Dohme, consistió en 900 entrevistas cara a cara realizadas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Participaron hombres y mujeres mayores de 25 años que conocían a alguna persona cercana que había sufrido un accidente cerebrovascular.
El 33% de los encuestados manifestó que su familiar había fallecido como consecuencia del accidente cerebrovascular. Los principales efectos del accidente cerebrovascular descritos por los entrevistados que tomaron parte en la encuesta fueron: parálisis (54%), problemas de movilidad y dificultad para caminar (41%) y trastornos en el habla (23%).
Además, los datos obtenidos indicaron que en el 76% de los casos el familiar que había padecido un accidente cerebrovascular no pudo volver a trabajar; y un 10% pudo hacerlo sólo después de un año de haber padecido el evento.
El accidente cerebrovascular no es una enfermedad geriátrica. Tampoco es exclusiva de los fumadores, o las personas con sobrepeso, o colesterol alto. Esos son los principales factores de riesgo, pero el accidente cerebrovascular puede afectar a cualquier persona a cualquier edad.
Cada año, unas 700,000 personas sufren accidentes cerebrovasculares en Estados Unidos.
Aproximadamente, 500,000 personas los padecen por primera vez, y 200,000 de los casos son recurrentes.
Por año, unas 158,000 personas mueren a causa de un accidente cerebrovascular.
En promedio, cada 45 segundos una persona sufre un accidente cerebrovascular, y cada 3 minutos alguien muere por ese problema.
Se estima que 5,5 millones de personas en el mundo murieron como consecuencia del accidente cerebrovascular en el 2001.
En los países occidentales, el accidente cerebrovascular es la segunda causa más frecuente de discapacidad neurológica.
Sin embargo, el accidente cerebrovascular puede prevenirse al reducir los factores de riesgo.
Las señales de aviso de un accidente cerebrovascular, y por las que hay que acudir en forma inmediata a un centro de atención sanitaria, incluyen: falta de sensación o debilidad repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo, confusión repentina, problemas repentinos para hablar o entender, para ver con uno o los dos ojos, dolor de cabeza fuerte y repentino sin causa conocida, problemas para caminar, mareo, pérdida de equilibrio o de coordinación.
Una de las principales acciones médicas es aplicar al paciente medicamentos que ayuden a disolver los coágulos sanguíneos que producen los accidentes cerebrovasculares para restablecer el flujo sanguíneo en el área afectada.
En otras circunstancias, también se utilizan anticoagulantes, aspirina, analgésicos para controlar el dolor de cabeza severo, y los medicamentos antihipertensivos pueden ser necesarios para controlar la presión sanguínea alta.
En este sentido, laboratorios Merck Sharp & Dohme desarrolló "losartán, MSD", un antihipertensivo que, además de disminuir los niveles de presión arterial, reduce el riesgo de accidente cerebrovascular.
Más que un dolor de cabeza
El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta notablemente.