Un neozelandés mató a tiros 33 perros que su vecino tenía encerrados en jaulas y en coches abandonados para vengar la muerte de su fox terrier, en uno de los mayores casos de crueldad contra animales en la historia del país.
Russel Mendoza entró junto con un amigo en la propiedad de Rowan Hargreaves, y le obligó a firmar un documento que le daba permiso para disparar a sus perros, ya que estaba convencido de que su mascota había perdido la vida en una pelea con los canes de su vecino.
Hargreaves indicó que Mendoza y su acompañante dispararon un rifle de calibre 22 y una escopeta calibre 12 contra los animales, incluidos cachorros que tenían sólo semanas de vida.