El máximo jefe paramilitar de Colombia, solicitado en extradición por Estados Unidos, lloró y pidió perdón ayer al entregar su arma junto a más de 1,400 combatientes, en la más grande desmovilización de un grupo armado ilegal en la historia del país.
Salvatore Mancuso, jefe militar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entregó su pistola Beretta, calibre 9 milímetros, al alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, en esta zona fronteriza con Venezuela, donde por años combatieron.
"El hombre que les habla, lleno de emociones que se entrecruzan en el alma, asume la responsabilidad de poner fin a su responsabilidad en el conflicto tras haber conducido a las AUC hasta la mesa de negociación y el desarme", señaló Mancuso.
"Con el alma anegada de humildad pido perdón a Colombia, pido perdón a las naciones del mundo, entre ellas a los Estados Unidos de Norteamérica, si por acción o por omisión las pude ofender", agregó.
Los paramilitares que entregaron las armas formaban parte del Bloque Catatumbo, uno de los más temidos de las AUC, acusado de haber ejecutado decenas de asesinatos selectivos, masacres, secuestros y de despojar de sus tierras a campesinos para expandir los cultivos de hoja de coca, materia prima de la cocaína.
La desarticulación del bloque es parte de la negociación que inició el gobierno del presidente Alvaro Uribe con las AUC, a mediados del 2003, y que busca que la totalidad de sus 20,000 combatientes depongan las armas antes de que finalice el 2005 para sacar del conflicto a un temida maquinaria de guerra.
"Pido perdón a mis amigos, a mis padres y a mi familia, a la madre de mis hijos, quien sollozó en mi ausencia tantas veces, a mis hijos por no acompañarles en las horas felices o cuidarles en los momentos duros. Espero encontrar espacio en sus corazones para que me perdonen por no abrasarles cada día mientras crecían sin su padre", dijo con la voz entrecortada por el llanto.
Después de la ceremonia, los combatientes fueron entregando sus armas, entre las que se encontraban fusiles, ametralladoras y pistolas.
En medio de la negociación de paz, cinco bloques paramilitares, con cerca de 3,000 combatientes, se han desmovilizado y entregado sus armas en el último año.
Los paramilitares que entregaron las armas ingresarán a un programa gubernamental que les ofrece un subsidio en dinero y capacitación para luego integrarse a la vida laboral.
Algunos, como Mancuso, deberán dirigirse a una zona de concentración a la espera de que se defina un mecanismo jurídico.
Los paramilitares son acusados por grupos como Amnistía Internacional de cometer las peores violaciones a los derechos humanos en medio del conflicto interno de cuatro décadas y que deja miles de muertos al año.
Esos escuadrones también son acusados de contar con el apoyo de algunos sectores de las fuerzas militares en medio de su guerra sucia contra la guerrilla.
El gobierno deberá asumir el reto de impedir que la guerrillare tome el control militar de las regiones desalojadas.
Máximo líder paramilitar dice adiós a las armas
Salvatore Mancuso pidió perdón a Dios, a EU y a las madres de las víctimas del conflicto armado.