Un grupo de menesterosos camboyanos, algunos discapacitados, otros mutilados o con niños pequeños, son introducidos clandestinamente en Tailandia por bandas de delincuentes a los que pagan un porcentaje de las limosnas que reciben.
Los mendicantes comparten acera con puestos de comida ambulante en espera de un alma caritativa y esos turistas que, con cámara de fotos, botella de agua, riñonera y mochila pequeña a la espalda, o al hombro, pululan por las principales calles de Bangkok y de otras ciudades del país.
Su repatriación a Camboya se ha convertido en una de las tareas regulares de la Policía de Inmigración tailandesa.