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Mexicanos desesperados saquean diversas tiendas

El país fue azotado prácticamente de manera simultánea por ‘Manuel’ e ‘Ingrid’, fenómenos que causaron inundaciones y caídas de puentes. Las autoridades vigilaban muy de cerca los establecimientos sin detener a las personas que sacaban de todo de los almacenes.


México (AP) / AP

La desesperación se incrementó ayer en el balneario de Acapulco con residentes que saquearon al menos un almacén y con miles de turistas que aún aguardaban ser sacados vía aérea, mientras la tormenta Manuel, que azotó e incomunicó días atrás al puerto y que ha dejado 80 muertos, volvió a formarse en el Pacífico mexicano.

“Manuel” se transformó ayer en tormenta tropical y avanzaba por el noroeste del país hacia el balneario de La Paz, en la península de Baja California.

El país fue azotado el fin de semana prácticamente de manera simultánea por “Manuel” por el Pacífico e “Ingrid” por el golfo de México, fenómenos que provocaron severas inundaciones, deslaves y caídas de puentes.

El coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, dijo que la cifra de fallecidos subió de 57 a 60, aunque el alcalde la municipalidad de Atoyac en Guerrero, Edilberto Tabares, dijo en Milenio Televisión que le reportaron la muerte de 18 personas más en un pueblo remoto de la sierra, llamado La Pintada, y que muchas más estarían sepultadas tras un alud.

Atoyac es una municipalidad rural montañosa a unos 70 kilómetros al oeste del puerto de Acapulco.

Sin embargo, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo en Radio Fórmula que un funcionario federal acababa de volver de La Pintada y que sí había visto un alud “muy fuerte” y casas dañadas, aunque no tenía “un solo reporte de algún cuerpo”. Dijo que del lugar rescataron por helicóptero a varias personas, aunque pidió esperar hasta tener información más precisa.

 

México aún enfrentaba otra posible amenaza meteorológica. Una baja presión se formó en la península de Yucatán, en el este del país, que según los expertos podría convertirse en un ciclón en los próximos días.

En Acapulco, balneario turístico del estado sureño de Guerrero, policías estatales resguardaban la entrada de una tienda, parcialmente inundada y localizada en una de las principales avenidas del puerto, en la que horas antes residentes entraron y se llevaron comida, ropa y en algunos casos pantallas de televisión y algunos aparatos electrodomésticos.

Cientos de personas caminaban entre las aguas estancadas del estacionamiento del almacén en busca de cualquier cosa, comida o bebida, que los saqueadores pudieran haber tirado. Algunos pedían que se reabriera la tienda.

“Si no podemos trabajar, hay que venir por comida”, dijo Anastasio Barrera, un pescador de 60 años que permanecía con su esposa fuera de la tienda.

“El Gobierno municipal no hace nada por nosotros y el Gobierno estatal tampoco”, agregó.

Con el aeropuerto cerrado y las autopistas bloqueadas, al menos 40,000 turistas quedaron varados tras haber acudido al puerto a disfrutar de un fin de semana largo con motivo de los festejos del inicio de la lucha de independencia de 1810.

Autoridades continuaron la habilitación de algunos vuelos de líneas comerciales y aviones militares para hacer un puente aéreo y sacar a los turistas.

Aeroméxico e Interjet son las dos líneas que han sido autorizadas para enviar aviones al puerto, donde el cielo se había despejado.

El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, dijo en Radio Fórmula que habían sido sacadas de Acapulco unas 5,300 personas en 49 vuelos. Aseguró que hacia el mediodía del viernes se estará en posibilidad de habilitar tramos carreteros para que más personas puedan dejar el puerto en automóvil.

Miles de personas, varias sudorosas, esperaban formadas fuera de un centro comercial que es utilizado por las autoridades como albergue y punto de encuentro para los turistas que esperan abordar alguno de los aviones.

Dentro del centro, Omar Díaz, de 23 años, esperaba junto con su esposa, su bebé de apenas dos días de nacido y dos niños más en un colchón inflable cubierto con una sábana. Su casa se inundó y las pocas cosas que lograron salvar las tenían en bolsas de plástico alrededor de la improvisada cama.

Su mujer, Marisela Díaz, de 24 años, dio a luz a su hija Paula Jazmín pocas horas después de que la tormenta tropical Manuel tocó tierra, pero le pidieron que abandonara el hospital local donde se encontraba porque no había suficientes camas.

“Perdimos todo, casa, cama, ventilador, refri, tele”, dijo Omar.

Fuera del centro comercial, las personas que esperaban en interminables filas por un boleto de avión tenían menos suerte, al tener que permanecer bajo el sol que reapareció en Acapulco. Catalina Clave, de 46 años y quien trabaja en la bolsa de valores en la ciudad de México, sudaba mientras esperaba en la fila.

“Cuarenta y ocho horas sin luz, sin agua corriente y ahora no podemos regresar”, dijo Clave, quien llegó el viernes con su esposo y un grupo de amigos a una casa rentada. “No pido nada más que una lona e información”.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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