La impunidad una vez más extiende su brazo y evita que los responsables, hace 40 años, de la matanza de más de 250 estudiantes en la plaza Las Tres Culturas, paguen su deuda por estos crímenes.
El genocidio lo cometió el Ejército mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia fraguado por el Gobierno.
Según Luis Echeverría Álvarez, ex secretario de la gobernación, el responsable del genocidio fue el entonces presidente mexicano, Gustavo Díaz Ordaz.
Cada año estudiantes, sindicatos y organizaciones civiles realizan un mitin para recordar a las víctimas del 2 de octubre de 1968. Aunque en los últimos años, la llamada marcha del 2 de octubre se ha convertido en sinónimo de disturbios, lo que provoca temor e inseguridad entre los habitantes de Tlatelolco.
Historia.
La masacre estuvo precedida de una escalada de enfrentamientos y se enmarcaba en un ascenso de luchas y organización del pueblo mejicano; los estudiantes reclamaban la derogación de un artículo del Código Penal, el llamado delito de opinión, la libertad de varios presos políticos, la destitución del Jefe de la policía y el diálogo público entre el Gobierno y los estudiantes.
La plaza comienza a llenarse, acuden también muchos obreros, niños, mujeres, que muestran su simpatía hacia las reivindicaciones del movimiento, pero los carros blindados del Ejército convierten el lugar en una ratonera, cuando comenzaron los disparos, nadie podía escapar de allí. El resultado fueron casi medio centenar de muertos que el Gobierno intentó ocultar, obligando a los familiares a certificar otras causas de defunción para poder recuperar los cadáveres.
Además, hubo 6,000 detenidos; 2,000 fueron encarcelados, algunos de ellos durante varios años; sin juicio, o con procesos amañados y sin garantía alguna de defensa. Algunos fueron sometidos a torturas y falsos fusilamientos, y 300 de ellos permanecieron en la cárcel hasta la amnistía de 1971.
Situación actual.
Después de 40 años, los mexicanos no logran olvidar estos hechos debido a que la situación en el país poco ha cambiado, hoy no es la represión gubernamental la que sufren, es el hecho de que este país está inmerso en una criminalidad nunca antes vista.
El crimen organizado y los cárteles del narcotráfico son los dueños de casi todo México y promueven una violencia sin límites, pues todos los días aparecen cadáveres decapitados con narcomensajes dirigidos a enemigos o al Gobierno.