Al menos 1,000 niños han muerto en Irak por el estallido de bombas y otros artefactos explosivos abandonados desde el fin de la guerra en este país, según anunció ayer en Bagdad un portavoz de la agencia de la ONU para la infancia (UNICEF).
El último incidente de este tipo tuvo lugar la semana pasada cuando una bomba explotó en un deposito de armas y mató a 30 niños que merodeaban por el lugar, afirmó.
"Cada día recibimos informaciones de este tipo desde varias localidades iraquíes", dijo el portavoz, y pidió que las tropas de la coalición anglo-estadounidense "adopte medidas para desactivar las bombas no explotadas".
También advirtió que numerosos misiles abandonados por el Ejército del depuesto régimen de Irak "constituyen una amenaza para la vida de los iraquíes".
El portavoz insistió en que "las fuerzas de ocupación tienen que actuar lo más rápidamente posible para poner fin al sufrimiento de los iraquíes a consecuencia de la guerra y reducir el número de las víctimas".