Convertido en el mayor acontecimiento homosexual de América Latina, el VII desfile del “Orgullo Gay” reunió a 800 mil personas ayer en la metrópoli brasileña de Sao Paulo, una gran fiesta de color, fantasía y reivindicación.
"Esto es maravilloso. Es la fiesta más grande de Sao Paulo, para que el pueblo abra su mente", declaraba eufórica Andrea, una joven travesti enfundada en un mini-bikini de plumas naranjas y medias de red del mismo color.
Según la oficial Compañía de Ingeniería de Tráfico, 800 mil personas participaron de la manifestación. Este es el tercer desfile de “Orgullo Gay” del mundo, tras los de San Francisco y Toronto, según los organizadores. Hace un año el desfile reunió a 500 mil personas, y hace siete, el primero, a 2 mil.
Treinta carros de sonido y una gigante bandera del arcoiris, símbolo de la libertad sexual, fueron la espina dorsal de la gigante "Parada del Orgullo Gay, Lésibo, Bisexual y Transexual" que ocupó todos los carriles y casi un km de la principal avenida financiera de la capital económica de Brasil.
La alcaldesa de Sao Paulo, Marta Suplicy, psicóloga y sexóloga de izquierda, y José Genoino, presidente del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, fueron los más célebres invitados.
Mucha cerveza, refrescos de última generación, baile y colorido marcaron la fiesta, donde la mayor fantasía la aportaron las Drag Queens, en blancos vestidos de novia, arrebatadoras plumas de carnaval, vestidos de reinas barrocas y étnicas.
"Este es un grito de libertad, de la satisfacción de ser gay", proclamaba exultante la Drag Queen Tatah Godoy, con tres coronas de reina sobre su peluca naranja, y un minivestido sobre su corpulento cuerpo con más de cinco décadas de vida. "Yo ya fui reina en los años setenta, en la dictadura, cuando la palabra homosexual estaba prohibida", manifestó.
Además de fiesta, el desfile fue una reivindicación, de políticas homosexuales, como el reconocimiento de las parejas civiles del mismo sexo en Brasil.