Miles de personas se alinearon ayer en las calles de la capital nepalesa para saludar a la hija recién casada del rey Gyanendra y a su esposo, mientras paseaban por la ciudad en un carruaje tirado por cuatro caballos blancos y lleno de flores.
Los gaiteros interpretaron música tradicional nepalesa mientras el carruaje en el que iban la princesa Prerna, de 24 años, y su esposo, Raj Bahadur Singh, desfilaba un día después de la boda en el palacio Narayanhity.
El matrimonio de la única hija del rey Gyanendra con un plebeyo fue el mayor suceso social en años en el reino del Himalaya, dándole a la monarquía de la empobrecida nación una breve oportunidad de olvidar el baño de sangre en el palacio, hace 19 meses, en el que murieron 10 miembros de la realeza.
Singh, un graduado de computación de la Universidad de California, saludó animadamente, sentado al lado de su esposa, a lo largo del trayecto de siete kilómetros desde el palacio, con techo al estilo de las pagodas, a su mansión.
Anteriormente, el rey Gyanendra, vestido con una túnica militar azul, caminó al lado de la princesa, cuando esta era transportada desde el palacio hasta el carruaje en un palanquín tachonado con estrellas amarillas.
La boda, realizada el miércoles en la noche en los terrenos del palacio, fue una ceremonia privada a la que asistieron familiares y huéspedes reales.