El ex jefe de los servicios secretos de Perú, Vladimiro Montesinos, compareció ayer en absoluto silencio ante un tribunal que lo juzga por tráfico de armas a la guerrilla colombiana de las FARC, en el proceso de mayor importancia hasta ahora de los más de 70 procesos abiertos contra él.
El ex brazo derecho del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) afronta la posibilidad de ser condenado a 20 años de cárcel, según la acusación del fiscal Pablo Sánchez.
En la audiencia inicial el tribunal anticorrupción que lo juzga rechazó un pedido de su abogada Estela Valdivia que pedía postergar el inicio del juicio por considerar que su patrocinado es víctima de una "flagrante violación de sus derechos humanos" por no permitírsele preparar una adecuada defensa.
Sin embargo, el tribunal declaró "inadmisible" la solicitud de Montesinos señalando que el acusado y su defensa han tenido tiempo suficiente para tomar conocimiento de la acusación pues la etapa de instrucción del proceso se inició el 6 de febrero de 2001.
El tribunal especial anticorrupción que tiene en sus manos el caso lo preside la jueza Inés Villa Bonilla quien al abrir la audiencia inicial dijo que en el proceso se impondrá una firma disciplina procesal a fin de permitir un proceso justo a los acusados.
Mientras tanto, Montesinos permaneció en absoluto silencio, tal como lo hizo en los anteriores cinco juicios a los que ha sido sometido hasta ahora.
Según la acusación, Montesinos al amparo del gobierno de Fujimori formó una organización criminal que realizó compras de al menos 10,000 fusiles AKM en Jordania que fueron lanzados en paracaídas en territorio colombiano controlado por las FARC en tres envíos durante el primer semestre de 1999.
Las municiones y fusiles Kalashnikov AKM-47, lanzados en paracaídas a la guerrilla de las FARC presuntamente por orden de Vladimiro Montesinos, ex jefe de los servicios secretos de Perú, no eran del mismo calibre, reveló a la AFP el procurador anticorrupción Ronald Gamarra.
"Este es un detalle que llama al menos la atención. Es como si se hubiera querido neutralizar las armas para que la guerrilla colombiana no las pueda usar", dijo.