El presidente Evo Morales inició ayer su tercer mandato con la promesa de mantener el bienestar de los bolivianos, a pesar de que la bonanza parece haber finalizado con la caída del precio del petróleo, y se mostró conciliador con Estados Unidos y la oposición.
“Bolivia cambió con estabilidad económica y política, pero falta consolidar esos cambios y avanzar más... hemos dejado de ser mendigos, ahora tenemos un país digno al que la comunidad internacional respeta”, dijo en su mensaje en la Asamblea Nacional y ante cinco presidentes invitados, entre ellos Dilma Rousseff, de Brasil.
El mandatario soslayó la crisis que se avecina por la caída del precio del crudo, agradeció a Washington por haber enviado una “delegación de alto nivel” a su posesión y llamó a los opositores a sugerirle propuestas, porque “somos hermanos de una misma patria”.
Las relaciones con Washington están congeladas desde 2008, tras la expulsión del embajador de EE.UU. por supuesta confabulación contra Morales.
Tom Malinowski, subsecretario de Estado para la Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, encabezó la delegación estadounidense y habló de normalizar las relaciones tras reunirse con el canciller boliviano.
Morales, de 55 años, comenzó con un ritual andino en un templo de la antigua cultura de Tiwanaku.