Con la guerra contra el terrorismo en sus albores, los musulmanes estadounidenses presentes en su mayor convención del año prevén una larga lucha para proteger sus derechos civiles y eliminar las sospechas que los han acompañado desde el 11 de septiembre.
Sus organizaciones de caridad y sus mezquitas están siendo cateadas. Musulmanes son detenidos indefinidamente o deportados, sus relaciones con la Casa Blanca han sido afectadas, con el gobierno de George W. Bush argumentando que las tácticas condenadas por los grupos islámicos y otros sectores son necesarias para eliminar las actividades terroristas.
"Realmente, uno no sabe si está seguro ahora"", dijo Ingrid Mattson, vicepresidente de la Sociedad Islámica de Norteamérica, que organiza el encuentro de cuatro días que termina mañana.
Las organizaciones musulmanas han empezado a trabajar con otras, como la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU), para enfrentar las acciones del gobierno, que quiere mantener la atribución para detener a los sospechosos de terrorismo sin que se le hagan cargos o cuenten con abogados defensores. Una manifestación en ese sentido está programada para hoy.
Los dirigentes musulmanes tienen pocas esperanzas de enfrentar esos poderes ampliados del gobierno. Muchos grupos carecen de los recursos para esa pelea, dijo Sarah Eltantawi, vocera del Consejo Musulmán de Asuntos Públicos, e incluso organizaciones bien establecidas como la ACLU han luchado para cambiar algunas leyes.
"No veo que mejore la situación. Veo que está empeorando"", dijo Ibrahim Hooper, vocero del Consejo de Relaciones Americano-Islámicas, un grupo por los derechos civiles en Washington.
Mattson dijo que los cambios han tenido un efecto particularmente fuerte sobre las donaciones para organizaciones musulmanes como escuelas y grupos de caridad.
"La gente teme que su dan algo será eventualmente utilizado para localizarlos"", dijo Mattson, profesor del Seminario Hartford, en Connecticut.
Sayyid M. Syeed, secretario general de la Sociedad Islámica, dijo que alianzas con líderes de otras religiones son clave para mejorar la situación de los musulmanes estadounidenses, pero que no serán fáciles de construir.