Un cordero nacido en South Island, Nueva Zelanda, tiene siete patas (cuatro delanteras y tres traseras), además de varios trastornos, causas que podrían hacer que sea sacrificado.
Dos de las patas adicionales cuelgan detrás de las delanteras y no tienen propósito alguno. El animal tiene tres patas traseras, una de ellas con dos pezuñas. Al caminar se apoya en las dos patas delanteras normales y en las tres traseras.