Desde Kampala hasta Londres, pasando por Jerusalén y Dar Es Salaam, la muerte del ex dictador ugandés Idi Amin Dada no provocó tristeza, sino que más bien suscitó numerosas condenas a su régimen sanguinario que causó la muerte de por lo menos 300,000 personas entre 1971 y 1979.
El ex dictador, que nunca fue juzgado por sus atrocidades, murió y fue inhumado el sábado en la localidad de Yeddá, en Arabia Saudita, donde vivía exiliado desde hace más de 20 años. En Uganda, los periódicos dominicales Sunday Vision (público) y Monitor (independiente) publicaron en portada varias fotografías de gran tamaño de Amin Dada mencionando el "fin de una época".
Monitor subrayó el contraste de reacciones en Uganda tras el anuncio de la muerte del ex dictador que dejó al país desangrado tras ocho años de dictadura. Las radios difundieron durante la noche fragmentos de las declaraciones de Ami, mientras responsables religiosos predicaban a micrófono abierto la necesidad de que el pueblo sea indulgente y pedían a quienes sufrieron bajo su régimen que le perdonen y dejen que sea juzgado por Dios.
En Jerusalén, un importante responsable israelí, que pidió el anonimato, declaró este domingo que su país "no llorará la muerte" del ex presidente, al que calificó de "cruel dictador" acusándole de haber "colaborado con los terroristas" que secuestraron un avión de Air France con 83 israelíes a bordo en Entebbe (Uganda) en junio de 1976.
El 4 de julio de ese año, una misión israelí liberó a los rehenes de un comnado palestino en Entebbe, luego de una espectacular operación. En Gran Bretaña, sólo el semanario The Independent on Sunday dedica al ex dictador un informe especial de dos páginas titulado "El caniche transformado en carnicero que destruyó Uganda".
En Italia, el periódico de Torino La Stampa calificó al ex dictador como "medio payaso, medio carnicero" y recordó que cabe la posibilidad de que Idi Amin conservara en sus heladeras las cabezas de algunos de sus enemigos.