Las salas especiales o "narcosalas" donde los usuarios de heroína pueden inyectarse legalmente han desatado un acalorado debate en Reino Unido.
Un grupo independiente de expertos publicó un informe donde apoya la apertura de estas instalaciones, llamadas salas de consumo higiénico. Señala que éstas podrían reducir las sobredosis fatales y el contagio de VIH y hepatitis. El gobierno dice, que estos "cuartos de consumo de drogas" podrían aumentar el crimen.
El banco es un edificio mucho más grande que lo que sugiere su apariencia.
Sobre el nivel del suelo, ocupa 3 y medio acres en el corazón de la zona financiera conocida como The City en Londres.
Y el área bajo tierra, que incluye tres pozos en desuso, ocupa un espacio mayor que el edificio más grande en la zona, la Torre 42.
Además de corredores, oficinas y bóvedas, tiene sus propias salas de gala y un jardín privado.
En el siglo XVIII, un empleado excesivamente alto fue enterrado en el jardín para evitar que su cuerpo fuera robado por ladrones de cuerpos que podían buscar un inusual especimen para vender a los cirujanos de la época.
Hay un enjambre de túneles que corren bajo las calles de The City y la historia cuenta que en la década de 1830 los directores eran convocados a una reunión en las bóvedas en el medio de la noche por un hombre proveniente de las cloacas, quien había encontrado la forma de penetrar el edificio.
En el pasado, los falsificadores de billetes eran ahorcados. El banco fue trasladado a su actual ubicación en 1734, convirtiéndose en el primer edificio en el mundo construido para funcionar como banco.
Está edificado sobre un sitio aislado, separado por una pared, sin conexiones con otros edificios y sin ventanas en el primer piso.
Hasta 1973, la seguridad era claramente visible, con una tropa de soldados -vistiendo los típicos gorros con pieles de oso- que marchaban hacia el banco cada noche. Aparte del temor a un robo, la otra gran amenaza para el banco era la falsificación.
Hasta 1832, se evitaba este tipo de conducta no sólo ahorcando a los falsificadores, sino también, a cualquiera que intentara gastar los billetes falsos.
El museo cuenta con ejemplos de falsificaciones a través de los siglos, incluyendo aquellas hechas por los detenidos en los campos de concentración nazi, que pretendían desestabilizar la economía británica en tiempos de guerra. La detección de las falsificaciones era aún más complicada en el siglo XIX, cuando el Banco de Inglaterra no tenía el monopolio de la producción de billetes.