El ex primer ministro Benjamín Netanyahu, líder del partido derechista "Likud", tiene casi garantizado el próximo Gobierno de Israel incluso si su más inmediata rival, la titular de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, consiguiera alcanzarle en número de diputados o sobrepasarle.
Según todos los sondeos de intención de voto de cara a las elecciones del 10 de febrero, la ventaja del dirigente derechista, ex jefe del Ejecutivo entre 1996 y 1999, sobre el resto de los partidos es constante en los últimos dos meses.
Las diferencias respecto del "Kadima" de Livni se registran entre dos y seis diputados, pero Netanyahu disfruta de una mayor capacidad de formar una coalición de Gobierno.
La última encuesta, publicada por el diario Maariv, otorga al "Likud" 28 escaños de los 120 que tiene el Parlamento (Kneset) y al "Kadima" 23.
El Partido Laborista, de Ehud Barak, obtendría 17 escaños, seguido del ultranacionalista Israel Betenu (Israel es Nuestro Hogar), con 16.
Les siguen de lejos el partido ultra-ortodoxo Shas, con 10, y el pacifista Meretz con 6; mientras que el resto de los escaños se los reparten un grupo de pequeñas formaciones cada una con cinco o menos asientos.
Israel acude a estas elecciones anticipadas a raíz de la dimisión del primer ministro, Ehud Olmert, que deja su cargo en medio de una larga lista de sospechas de corrupción por las que aún es investigado.
Livni, que lo reemplazó como presidenta del "Kadima" en septiembre pasado, tuvo la oportunidad de formar Gobierno sin acudir a las urnas, pero fracasó en su intento y devolvió el encargo al presidente Simón Peres con la recomendación de celebrar comicios.
En su decisión se dejó llevar por sondeos que en ese momento la aventajaban frente a Netanyahu, quien desde entonces ha conseguido dar la vuelta a las intenciones de voto.