La bonanza económica que disfruta Chile por el alto precio del cobre ha dejado al descubierto el malestar juvenil por un neoliberalismo que convierte la libertad de educación en un negocio y el derecho a la educación en retórica.
Un día antes de abandonar el poder, en 1990, el general Augusto Pinochet, aplicó a la educación la estricta receta neoliberal que los "Chicago Boys" de la Universidad Católica inauguraron en Chile en los años 70 y cuyo ingrediente principal era la venta del Estado. Los liceos públicos pasaron a ser administrados por los municipios -bajo la supervisión de alcaldes adscritos al viejo régimen- y se liberalizó sin límites la industria escolar privada que quedó en manos de empresarios ávidos de invertir en un nuevo negocio. Los municipios cobran desde entonces una pequeña subvención por cada alumno que asiste a clases; resultado: en las comunidades ricas donde asisten todos los alumnos la subvención es amplia.