Los cubanos dicen públicamente que nada ha cambiado, aunque en privado reconocen que han quedado en suspenso sus vidas mientras aguardan las noticias del hombre que les ha gobernado durante 47 años.
"Parece como si nada hubiera ocurrido", comentó el electricista Ignacio González frente a su casa en parte antigua de La Habana.
"Con Fidel, o sin Fidel, seguimos adelante"", afirmó Rafael Arrocha, subdirector del Hospital Universitario Miguel Enríquez, que cuenta con 385 camas.
Ya que Castro ejerció tal influencia en la isla durante casi medio siglo, muchos asumieron que existiría un vacío de poder en caso de no ejercerlo, con el consiguiente caos e incluso la posibilidad de que se colapsara el gobierno.
Pero la calma reinante en la sociedad cubana indica que una vez que desaparezca para siempre Castro, la estructura política y económica que construyó a lo largo de casi cinco décadas podría ser más duradera que la pronosticada y esperada por los enemigos de su régimen.