El presidente Barack Obama no puede hacer gran cosa para reactivar la economía en los próximos cinco meses, lo cual podría costarle la reelección en noviembre. Pero en una gama de problemas sociales, está utilizando sus poderes ejecutivos para que los “gays” puedan casarse, las mujeres obtener medios para el control de la natalidad y, ahora, los inmigrantes ilegales jóvenes evitar la deportación.
Es una apuesta política fuerte que podría incentivar a la derecha, que hasta ahora no termina de dar su pleno apoyo al candidato republicano Mitt Romney.
Los demócratas piensan que podría entusiasmar a los grupos que resultaron cruciales para la victoria de Obama en 2008: los jóvenes, las mujeres y los hispanos.
En épocas relativamente mejores, los amplios poderes del presidente pueden obligar a su opositor a saltar de un tema a otro con la esperanza de encontrar una grieta en el blindaje. Esta vez, el panorama es diametralmente opuesto.
Romney es el candidato que juega a lo seguro, rara vez se aparta de los temas de economía y empleo, y evita cuidadosamente los encuentros con la prensa. El viernes le tomó seis horas elaborar una breve declaración en la que criticó la política de inmigración de Obama por no ofrecer una “solución a largo plazo”.
No dijo si derogará la medida en caso de ganar las elecciones. Pero al señalar que “puede ser revertida por los presidentes subsiguientes”, tal vez sembró dudas entre algunos jóvenes inmigrantes en situación irregular.
Obama luce como el más audaz. No tiene muchas opciones.
Está arrinconado por una economía global frágil, compleja e interrelacionada y un Congreso dominado por los republicanos. Juntos imponen límites rígidos a su capacidad para afectar el rumbo de la debilitada economía.
SITUACIONESREISGOSAS
- La tasa de desempleo es superior al 8% y obliga al presidente Barack Obama a correr algunos riesgos.
- El mandatario realizará una gira de cinco días por varios estados promoviendo sus planes de gobierno.