EL GOBIERNO DE Estados Unidos abrió investigaciones sobre las recientes filtraciones a los medios de comunicación de información confidencial de los servicios de espionaje de este país.
Según informó el diario "The Washington Post", estas pesquisas tienen como objetivo desalentar a los funcionarios para que no filtren datos secretos a los periodistas.
El rotativo señala que en semanas recientes la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) entrevistó a docenas de empleados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) y de otras entidades secretas.
El "Post" agrega que un portavoz de la Casa Blanca le dijo que el Gobierno tiene la necesidad de proteger la información confidencial del país, como parte de la lucha contra el terrorismo.
Como resultado de filtraciones a la prensa, se supo de la existencia de cárceles clandestinas de la CIA en varios países del este de Europa, lo que fue negado por esta agencia.
También fuentes anónimas supuestamente facilitaron información sobre el programa de escuchas telefónicas dentro del país.
El diario señala que para proteger los secretos del país, el Departamento de Justicia ha prohibido a sus empleados, a los del FBI, la CIA y de otras entidades, discutir los planes de la NSA.
Como consecuencia de las filtraciones, varios periodistas estadounidenses han sido obligados judicialmente a revelar sus fuentes, como en el caso de la filtración de la identidad de la ex agente de la CIA, Valerie Plame.
El periodista Robert Novak fue quien primero reveló en una columna en julio de 2003 que Valerie Plame trabajaba para la CIA.
La periodista Judith Miller, del New York Times, había investigado el caso Plame pero nunca publicó nada al respecto. La reportera, acabó pasando 85 días en la cárcel por desacato, al negarse a nombrar sus fuentes en la Casa Blanca.
Obstáculo para periodistas
La filtración de información clasificada es considerada un delito federal.