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Ocupación y estancamiento en Bagdad


Desde la invasión, a Irak en marzo de 2003, el país se vio forzado a realizar cambios sustanciales en su sistema de Gobierno, la Constitución -para que chiítas, sunitas y kurdos- pudieran convivir y tener iguales oportunidades dentro del nuevo régimen.
El 30 de enero de 2005, las primeras medidas para sacar adelante al destruido país fue el llamado a elecciones para conformar una asamblea constituyente, cuya tarea primordial era confeccionar una nueva Constitución y lograr un gobierno permanente.
En este evento participaron las diversas fuerzas políticas del país como los kurdos, chiitas y sunitas.
Se conformó un equipo de gobierno transitorio el que se encargó de propiciar los cambios constitucionales.
Para los primeros días de octubre ya se tenía un borrador de la Constitución consensuado entre los diversos partidos políticos.
La población iraquí fue convocada el 15 de octubre de 2005 para aprobar o desaprobar mediante un referéndum la nueva Constitución.
El civismo imperó sobre los actos de violencia que precedieron este evento, y se alcanzó una importante meta para los iraquíes que aprobaron su nueva Carta Magna.
Pese a todos los logros para mantener la paz y tranquilidad en el país, este sigue sumergido en una serie de actos de violencia provocados por diversos grupos insurgentes que desaprueban el sistema de gobierno que impera.
Una nueva investigación de la revista "The Lancet" publicada en octubre de 2006 eleva a 655,000 el número de víctimas en Irak debido a la invasión y posterior ocupación por parte de Estados Unidos y sus aliados.
De esta cifra, 601,000 murieron directamente por la violencia: el 14%, 91,700, en atentados suicidas; el 57% por arma de fuego, más de 373,000; y un 20%, más de 137,000, en ataques aéreos.
El resto, 54,000, por la precaria situación creada por la ocupación.
La invasión norteamericana a Irak, ha dejado un mal sabor de boca en la administración de George W. Bush, que ha pagado muy caro su determinación de sacar a Saddam Hussein del poder.
Desde el inicio de la contienda hasta la fecha las bajas en las filas militares de Estados Unidos ha sido muy alta.
Se calcula que han fallecido más de 3,000 soldados norteamericanos.
A raíz de ello, la popularidad del mandatario ha caído vertiginosamente y provocó protestas entre los norteamericanos que consideran que ya es tiempo de sacar a los soldados de una guerra sin sentido.
La población le pasó la factura al mandatario estadounidense el 7 de noviembre en las elecciones al senado y en la Cámara de Representantes.
Bush no logró la mayoría en ninguna de las dos cámaras, lo que significa que su último período presidencial tendrá que luchar fuertemente para lograr la aprobación de algunas polémicas leyes.
A pocas horas de haber perdido las elecciones, Bush recibió otro duro golpe en su administración.
El secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien apoyó a Bush en todas sus determinaciones militares contra Irak, presentó su renuncia.
La renuncia Rumsfeld tiene lugar después de una ola de críticas en torno a la política emprendida en territorio iraquí y a su aparente pérdida de respaldo de los mandos militares ante la agudización de la situación en ese país.
Con el nuevo secretario de Defensa Robert Gates, se busca darle un giro a la situación de Irak.
Actualmente se realizan consultas con todos los estamentos con el fin de buscar una salida a la guerra en Irak.
Esto debe permitirle a las actuales autoridades iraquíes tomar las riendas de la nación en todos los sentidos y propiciar así la salida de las tropas norteamericanas que tienen tres años en el área sin lograr controlar las luchas sectarias que mantienen la violencia.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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