Días después de que la Policía irrumpió en uno de los barrios marginados más peligrosos de Río de Janeiro para recuperar el control territorial de manos de un poderosa organización del narcotráfico, trabajadores sociales y del sector salud trabajan para aligerar la desesperación y la desolación de cientos de personas adictas al “crack” que repentinamente se quedaron sin la potente droga.
Desde el domingo, cuando más de 2,000 policías entraron fuertemente armados en las favelas Manguinhos y Jacarezinho, grupos de profesionales de la salud con apoyo policiaco habían reunido a 231 consumidores de “crack”, entre hombres, mujeres y niños que viven en las calles, y otros 67 que habían migrado a otro lugar en busca de la droga. El área ha sido uno de los mercados de “crack” más grandes de Río de Janeiro, conocido como “cracolandia”, donde cientos de personas compraban la droga, la consumían y se quedaban en chabolas y sobre mantas, hurgando en botes de basura en busca de materiales reciclables que vender para poder comprar más “crack”.