La presidenta interina de Georgia se reunió ayer con funcionarios de seguridad y despidió a un importante ministro tras la "revolución de terciopelo" que forzó la renuncia del presidente Eduard Shevardnadze y la llevó al poder.
Una fuente cercana a la familia de Shevardnadze y líderes opositores rechazaron un informe desde Alemania de que el veterano líder se había asilado allí y afirmaron que el ex gobernante aún se encontraba en Georgia.
La presidenta interina Ninó Burdzhanadze, ex líder del parlamento, culpó al ministro Avtandil Dzhorbenadze de las vicisitudes económicas de Georgia y de una elección desacreditada por irregularidades que desataron las protestas contra Shevardnadze.
"El ministro de Estado es responsable de esta crisis económica a la que ha sido conducido este país y también de realizar las elecciones parlamentarias del 2 de noviembre", afirmó a la televisión estatal la abogada de 39 años.
La evolución de la situación en Georgia está siendo observada de cerca por la vecina Rusia y por los poderes occidentales que quieren una estabilidad política que evite problemas en estos momentos cuando se está construyendo un oleoducto a través del territorio para transportar petróleo desde el mar Caspio al Mediterráneo.
Las compañías petroleras BP y Státoil dijeron que el cambio en el poder no afectaría sus planes de construir el oleoducto. El presidente ruso Vladimir Putin -quien envió a su ministro de Relaciones Exteriores a mediar en la crisis- aseguró que le preocupaba que Shevardnadze, de 75 años, hubiese sido derrocado bajo la amenaza de la fuerza.
El jefe de Estado ruso, aseguró ayer que el ex presidente georgiano "nunca fue un dictador", pero cometió graves errores que le costaron el cargo. "El cambio de poder en Georgia es el resultado lógico de una serie de errores cometidos por la anterior dirección en política interior, exterior y económica", señaló Putin en su primera reacción a la dimisión de Shevardnadze y la toma del poder por la oposición.
El número uno del Kremlin hizo estas declaraciones durante una reunión con el gabinete de ministros. Putin agregó que el derrocamiento se produjo tras "errores sistemáticos en la política externa, doméstica y económica" de Shevardnadze, quien ha gobernado durante 11 años en el volátil estado montañoso.
"En los últimos años las relaciones entre Rusia y Georgia habían sido muy difíciles", dijo Putin. "Asumimos que el futuro liderazgo legalmente electo del país hará todo lo posible para restaurar la tradición de amistad entre nuestros países".
Los nuevos líderes de Georgia, animados por el apoyo de Estados Unidos a la "revolución de terciopelo" que forzó la renuncia del presidente Eduard Shevardnadze, iniciaron ayer la búsqueda de ayuda financiera urgente e hicieron un llamamiento al orden.
Un destacado asesor económico próximo a la presidencia interina aseguró que Georgia pediría a Washington cinco millones de dólares para celebrar nuevas elecciones tras los desacreditados comicios del 2 de noviembre que fueron el origen de la caída de Shevardnadze.
Washington expresó su apoyo a Ninó Burdzhanadze, portavoz del Parlamento saliente, quien actuará como mandataria del país hasta la celebración de las nuevas elecciones en el empobrecido estado de la antigua Unión Soviética.
"Estados Unidos y la comunidad internacional están dispuestos a apoyar al nuevo gobierno en la celebración de unas elecciones parlamentarias libres y justas en el futuro", indicó el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Richard Boucher, quien añadió que el secretario de Estado, Colin Powell, había llamado a Burdzhanadze para ofrecerle su apoyo.