El papa Juan Pablo II ofreció ayer “su propia mediación” para crear las condiciones de un diálogo fructífero entre las partes que acelere el proceso de paz en Oriente Medio, y pidió a la comunidad internacional que intervenga “con mayor determinación” en ese conflicto.
Durante el tradicional rezo del Angelus en su residencia estival de Castelgandolfo (en las afueras de Roma), el Papa pidió incluso que esa intervención de la comunidad internacional sea a través de “una presencia directa sobre el terreno” para poner fin a la espiral de violencia entre israelíes y palestinos.
“Nadie puede permanecer indiferente ante un drama humano que parece no tener fin”, aseguró ayer el Pontífice.
El Santo Padre hizo un llamamiento a que las partes en conflicto regresen a la mesa de negociaciones y denunció “la espiral asesina de atentados y represalias” que sufren los habitantes de la región.
En una larga reflexión dedicada al conflicto en Oriente medio, el Obispo de Roma, que leyó su discurso con voz clara y fuerte, recordó que “no existe justificación para la muerte de civiles inocentes”.
“¿Cuándo israelíes y palestinos comprenderán que la convivencia entre ellos no se logrará a través de las armas, los atentados o los muros de separación?”, se preguntó.
Sobre el pueblo palestino recordó como éste, desde 1967, ha sido sometido a “continuos sufrimientos”, expulsados de sus propias tierras y sometidos a un estado de asedio, en un “castigo colectivo”.