Un pequeño grupo paramilitar independiente y sin pretensiones políticas, las Autodefensas Campesinas de Ortega (ACO), puso fin ayer a 40 años de actividad contraguerrillera con la entrega de armas en una aldea del suroeste de Colombia.
El Edén, caserío en las montañas del departamento del Cauca, fue el escenario en el que los 160 miembros de las ACO formalizaron su desarticulación, sin el despliegue que recibió la primera entrega masiva de ultraderechistas registrada hace trece días en Medellín.
Uno a uno, los integrantes del grupo de campesinos e indígenas desfilaron ante el alto comisionado para la Paz y la Convivencia, Luis Carlos Restrepo, que les dio la "bienvenida a la civilidad".
Los paramilitares entregaron dos fusiles AK 47 de modelo reciente, dos viejos FAL, dos carabinas M-1 y decenas de escopetas de fabricación artesanal, junto a dos equipos de comunicación por radio que "recuperaron" en combates con grupos guerrilleros.
El arsenal de guerra fue depositado en mesas alineadas en el campo de fútbol de El Edén, caserío de Cajibío, localidad distante unos 680 kilómetros de Bogotá y 24 al norte de Popayán, que es la capital del departamento del Cauca.
Esa población y las vecinas de El Tambo, Morales y Suárez centraban la actividad de las ACO, creadas en los años sesenta para defenderse en la llamada época colombiana de "La Violencia", cruento enfrentamiento del Partido Conservador con el Liberal y que dejó más de 300,000 muertos.
Su lucha fue después contra los reductos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que trataron de controlar esos territorios.
A diferencia del agrupamiento Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que el pasado 24 de noviembre abrió un proceso gradual de desmovilización acordado con el gobierno, las ACO no realizaban acciones ofensivas, no atacaban a la población civil y no se financiaban con actividades criminales, como el secuestro y las drogas.