El Gobierno paquistaní envió ayer dos centenares de soldados para recobrar el distrito de Buner (norte) de manos de los talibanes, envalentonados tras su "victoria" en el vecino valle de Swat y decididos a expandir su influencia por todo el país.
Los refuerzos de la guardia de fronteras se desplegaron en Buner, a unos 100 kilómetros de Islamabad, con la "misión de proteger los edificios oficiales y permanecerán en la zona hasta que los insurgentes hayan sido expulsados", explicó a Efe el portavoz del Ejército, Athar Abbas.
Tensiones.
Hoy mismo, un policía murió y otro resultó herido en un ataque insurgente contra un convoy de las fuerzas de seguridad en la zona, informaron los medios paquistaníes, que también citaron testigos según los cuales un grupo de unos 30 talibanes entraron en el distrito vecino de Shangla y ya lo están patrullando.
Shangla, Buner y el valle de Swat pertenecen a Malakand, una región tribal pastún de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP) en la que las autoridades convinieron en febrero en implantar tribunales de la "Sharía" (Ley Islámica) en el marco de un acuerdo de paz con los talibanes.
La insurgencia declaró entonces una tregua -como el Ejército- pero han seguido registrándose episodios de violencia y la "provocación" que supuso su desplazamiento desde Swat a Buner.
"El acuerdo de paz les ha envalentonado para expandirse", observó a EFE una fuente de inteligencia occidental.
Amenazas.
El artífice del acuerdo, el clérigo radical Sufi Mohamed, declaró esta semana que la democracia y las cortes superiores paquistaníes "no son islámicas" y que las autoridades deben apresurarse en la preparación de los tribunales de la "Sharía".
De lo contrario, advirtió, serán responsables de la vuelta de la violencia a Swat, donde los servicios secretos paquistaníes calculan que operan 2.500 insurgentes.
"En Pakistán todos somos musulmanes y la sharia tiene que aplicarse en todo el país", dijo a EFE su portavoz en Swat, Muslim Khan, sin ocultar las intenciones de los extremistas.
Imposición.
Una perspectiva distinta a la que mantuvo ante el presidente de la Sociedad Criminóloga de Pakistán, el policía Fasihuddin, quien afirmó que "los talibanes de Swat quieren poder político y están desafiando al Gobier
no para imponer su agenda".
"Ahora persiguen la aplicación legal de la Sharía, pero pronto reclamarán su propia Policía y un completo código de vida basado en la ley islámica", alertó.
Fasihuddin dijo que las fuerzas de seguridad están muy "desmoralizadas" y que al menos 1.100 policías han abandonado Swat desde que, en el verano de 2007, el valle se convirtió en un nuevo foco insurgente.