Por primera vez desde un golpe en 1999, los paquistaníes votaron ayer para elegir nuevo Parlamento y primer ministro, en lo que el gobierno calificó de histórico retorno al régimen democrático.
Por el contrario, la oposición lo consideró una artimaña para enmascarar el monopolio de poder del presidente, general Pervez Musharraf.
La violencia esporádica dejó por lo menos siete muertos, algo frecuente en la violencia de la política paquistaní.
La concurrencia parecía escasa, debido en parte a una serie de decretos que mantuvieron al margen a los políticos más conocidos del país, y por cambios constitucionales unilaterales que han asegurado a Musharraf el control decisivo.
El general un aliado importante de Estados Unidos en la guerra antiterrorista creó un consejo nacional de seguridad, controlado por los militares, que tendrá poder de veto sobre todas las decisiones de política nacional.
También se autoconcedió el poder de destituir al primer ministro y disolver el parlamento, lo que hace de la votación poco más que una fachada para prolongar el régimen militar.
Horas después que cerraron las urnas a las 1200 GMT no se habían dado resultados y no estaba claro quién tomará control del Parlamento. Musharraf dijo que el primer ministro jurará el 1 de noviembre.
Casi 100 partidos compiten en las elecciones, que también seleccionarán a los miembros de cuatro legislaturas regionales. Pero la votación enfrenta principalmente al Partido del Pueblo de Pakistán, de la ex primera ministra Benazir Bhutto, contra una coalición de partidos que se considera apoyan a Musharraf. Las encuestas preelectorales anticiparon un resultado reñido.
Los observadores internacionales observaron los comicios. Grupos de oposición y defensores de los derechos humanos denunciaron manipulación oficial de la votación. El gobierno rechazó los cargos y prometió elecciones transparentes y justas.
Por otro lado, al menos 21 personas murieron ayer en la parte india de Cachemira, entre ellos 20 presuntos rebeldes musulmanes que perdieron la vida a manos de las fuerzas de seguridad indias en el mismo momento en que se anunciaban los primeros resultados de las elecciones regionales, informaron fuentes militares.
En la región de Kaswa Beru, en el distrito central de Budgam, nueve militantes islámicos armados murieron a manos de soldados indios. Un civil también perdió la vida en el tiroteo, según un portavoz del Ejército.
Los soldados indios también acabaron con la vida de 11 presuntos miembros de la guerrilla en tres incidentes separados en los distritos de Baramulla y Kupwara.