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Panamá tiene un futuro claro

El ex presidente uruguayo participa como expositor en la Conferencia Anual de Ejecutivo de Empresas, que trata el tema de los partidos políticos.


UN Julio María Sanguinetti divertido, adicto al café, y entre risas quejoso por el abuso de los aires acondicionados en el que incurren los panameños ("¡Esto es peor que Siberia!", dijo), le dedicó una hora a los lectores de Panamá América, a quienes les advirtió que, con un mundo en expansión como el de hoy, este país "está en posición óptima para subirse al ferrocarril de la historia".
"Ese ferrocarril ha pasado muchas veces a nuestra puerta, y siempre lo hemos dejado pasar (..) pero hoy no es así", señaló quien fuera presidente de la república oriental del Uruguay, y a quien le parece que Panamá tiene un futuro más claro que cualquier otro país del área.
Por supuesto, el factor que hace la diferencia es el Canal. Según el ex mandatario, Panamá dio una gran demostración de madurez al asumir con éxito el control de esta vía, aun cuando muchos pensaban, y algunos de mala fe hacían apuestas, sobre el desastre que sería en manos panameñas.
"Veo un Panamá que va madurando y progresando desde el punto de vista económico. Panamá tiene una enorme perspectiva, porque se está viviendo un momento histórico", indicó, en clara alusión al reto de la ampliación del Canal.
Sin embargo, para el dos veces presidente de Uruguay el país tendrá que encarar las etapas futuras, no sólo del Canal, sino de otras inversiones como las refinerías y demás.
JMS. Nadie puede comprar la historia. El siglo XX nos ha enseñado a ser modestos en las predicciones. Una semana antes de la caída del muro de Berlín nadie lo estaba pronosticando. Lo que si sé hoy, es que hay una fenomenal corriente comercial; que hay una fenomenal globalización; que hay unas actividades para las cuales Panamá está preparado, y que debería desarrollar al máximo para dar más trabajo a su gente y más rendimietno a su economía.
JMS. Los partidos lo que tienen que entender es que tienen tres roles que no pueden eludir: Primer, articular la opinión pública, vertebrarla; después, ofrecer una visión de su país, y, finalmente, formar y generar los liderazgos necesarios para el funcionamiento de una sociedad.
Lo peor que puede hacer un partido es marginarse de estas tareas. Hoy lo que tienen que hacer los partidos en Panamá, es ser activos partícipes de la construcción de esta sociedad.
JMS. Está la tentación demagógica de estar siempre en contra, que suele dar algún rédito a corto plazo, y pocas veces una gran fortuna a largo plazo.
Los partidos tienen que asumir el rol de comprender el mundo en el que viven y ayudar a construirlo. El político es un intermediario, que a veces es intérprete de lo que piensa la sociedad, y otras conductor y transmisor de nuevas ideas que el ciudadano común no tiene porqué conocer.
Si los partidos no impulsan el camino de la justicia y la igualdad, la ciudadanía queda a expensas del camino demagógico, de ese que viene y le dice que va a crear un país más justo a decretazos, sin una economía que crezca, sin inversiones suficientes.
A medio plazo, así cualquier gobierno puede lograr una prosperidad, pero es artificial, eso dura poco. Después viene la catástrofe.
El informe que Dante Caputo hizo para la ONU, sobre la demoracia en América Latina, advierte que el 54 por ciento de los consultados para armar el documento respondió que si una dictadura solventara sus demandas, la apoyaría sin contratiempos. ¿Hacia allá vamos?
JMS. Mire, esa opinión no es mayoritaria en América Latina, pero sí persiste en muchos sectores. Lo que nos revela un gran error que hay en la sociedad.
La democracia depende de la racionalidad del ciudadano que vota. Eso es sustantivo. Eso no quiere decir que el ciudadano no se equivoca, sí, y mucho: la experiencia histórica de América Latina es esa: cuando la libertad y la seguridad quieren conjugarse por separado, terminan las dos amenazadas.
No hay nada más peligroso que ese pacto con el diablo, en virtud del cual yo le entrego mi libertad, y el sistema autoritario me regala bienestar y seguridad.
Ese pacto fáustico se hizo muchas veces en América Latina, y nunca dio resultado. Perdimos la libertad, y luego no ganamos la prosperidad.
JMS. Chile es, si se quiere, un ejemplo de primero un caos democrático, del cual Allende fue víctima, luego de un autoritarismo tremendamente duro, que tuvo un legado modernizador en algunas estructuras, pero que realmente adquiere madurez en su desarrollo después de la dictadura, que es cuando realmente construyen un país que logró conciliar una dinámica de la economía con un mayor bienestar.
Porque Pinochet dejo, sí, una economía en expansión, pero también una pésima distribución del ingreso, una gran injusticia social, aparte de lo que significaba la falta de libertades.
JMS. China hoy es el prestamista de los Estados Unidos, algo que nos hubiera movido a risa hace 20 años.
A raíz de este paradójico matrimonio entre esos dos países, hoy tenemos una dinámica mundial sin precedentes. China se sigue diciendo comunista, pero yo en ningún lugar del mundo he visto una concentración de empresas multinacionales tan grande y compleja como allá.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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