Las leyes de mano dura y las batidas policiales en varios países de Centroamérica no han logrado desarticular las pandillas juveniles, conocidas popularmente como "maras", cuyos posibles vínculos con el narcotráfico y el terrorismo investigan las autoridades.
Fuentes oficiales de tres países centroamericanos (Guatemala, El Salvador y Honduras) cifran en unos 234,000 el número de miembros y simpatizantes de las maras.
Funcionarios de Guatemala y Honduras han advertido también que estos grupos están vinculados al tráfico de drogas y armas y otras formas de crimen organizado, e incluso sospechan que los líderes de estas pandillas mantienen contactos con miembros de la organización terrorista islámica Al Qaeda.
"Hemos recibido información de inteligencia en el sentido de que pudieran estarse produciendo contactos entre organizaciones terroristas como Al Qaeda y maras" de la región, afirmó el vicepresidente guatemalteco, Eduardo Stein.
Por su parte, el ministro de Seguridad de Honduras, Oscar Alvarez, aseguró que Ale Qaida ha intentado reclutar a jóvenes pandilleros de su país, a fin de que se infiltren en Estados Unidos.
Alvarez manifestó que existen indicios de que miembros de la organización terrorista han ingresado a Honduras, donde los llamados "mareros" trabajan en forma cada vez más estrecha con el narcotráfico y otras formas de crimen organizado.
En los últimos meses las ciudades del istmo han experimentado una escalada en los niveles de violencia, que en la mayoría de los casos se atribuye a las pandillas.
Para enfrentar el fenómeno, los gobiernos han ordenado a los cuerpos de Policía y del Ejército la realización de operativos de "mano dura".
Más de 17,000 jóvenes y niños fueron detenidos en El Salvador entre agosto de 2003 y agosto de 2004, en una de las mayores batidas policiales de los últimos tiempos.
Pero el efecto de este costoso despliegue fue mínimo, ya que gran parte de los detenidos fue liberado por el sistema judicial debido a la falta de pruebas.