LOS GRUPOS criminales conocidos como "maras"", las cuales huyeron de Centroamérica hacia México, se han convertido en sicarios de los grupos de narcotraficantes mexicanos, a los cuales sirven con excesiva violencia, según un alto funcionario judicial.
El cartel de los hermanos Carrillo Fuentes, de la fronteriza Ciudad Juárez, ha estado a la vanguardia de ese movimiento, al contratar a miembros de las maras como sicarios de bajo nivel, señaló José Luis Santiago Vasconcelos, encargado de la lucha contra el crimen organizado en México.
Santiago Vasconcelos señaló que los líderes de las organizaciones del narcotráfico le pagan sus servicios a las maras con drogas, pues "se dedican sólo a ser sicarios y a proteger cargamentos"", sin que las integren a los carteles.
Varios centroamericanos con los tatuajes característicos de las maras han muerto en recientes enfrentamientos, al parecer relacionados con el narcotráfico, en las ciudades fronterizas de Matamoros y Nuevo Laredo.
La Policía Nacional Civil registra al menos 600 pandilleros asesinados desde enero de 2004, de un total de dos mil 474 homicidios reportados por la corporación policial, cuya base de datos difiere de la Fiscalía General de la República y del Instituto de Medicina Legal.
"Lo peor es que se han asesinado entre ellos y ese es el incremento que tenemos nosotros este año", manifestó el director general de la PNC, Ricardo Menesses.
Menesses les dio una primera explicación social: "los crímenes entre pandilleros se deben al odio que se tienen cuando la persona no es de su mismo grupo, se asesinan por rencilla", aseguró.
Otra razón es el control del territorio para la venta de drogas, según el subdirector de Investigaciones, Douglas Omar García Funes.
El director policial se esforzó por destacar que la violencia de las pandillas es un problema de nación que involucra a todos los sectores. "No es un problema solamente de la Policía, es un problema del país", agregó.