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Pandilleros venezolanos luchan por territorios

Una historia que se repite como una espiral en gran parte de los países latinoamericanos y que cada día cobra espacio dentro de la juventud que no le importa matar o morir en el mundo de las drogas.


Las pandillas en Venezuela crecen rapidamente, y ello se debe más que nada a la situación social que se vive en el país suramericano, donde un grupo de jóvenes busca sobrevivir como sea y sin importarle a quien se lleva por delante.

Entre el contrastes de luces y la pujanza que ofrece Caracas, en las lomas y cerros que se ven en la ciudad, la vida es totalmente diferente.

Entre las tantas historias que se tejen en los suburvios de Venezuela recientemente la agencia de noticias AP, cuenta la de dos jóvenes, que prácticamente tienen los días contados por la forma de vida que llevan.

 

Una de esas historias es la de un chico al que denominan "El Menor''.

A "El Menor", no le importa matar, o consumir drogas todo el día, o dejar hijos. Sabe que los días que le restan de vida están contados, y va descontando cada minuto que respira.

Este escuálido pandillero de 33 años, que inhala cocaína cada 10 minutos, forma parte de una pequeña pandilla de cuatro miembros, una de las tantas que operan entre las estrechas callejuelas peatonales del barrio Las Mayas (Venezuela), que serpentea y se abre paso por una de las lomas de las afueras de la ciudad, donde habitan miles de caraqueños pobres.

 

Allí "El Menor", junto con "Yohan", el líder de la banda, y otros dos miembros más, que no quieren ni dar sus apodos de calle para permanecer anónimos.

Tienen una pequeña casa, fabricada con placas de madera prensada, con un pequeño catre en un extremo, que durante el día les sirve para descansar mientras los que permanecen despiertos venden crack (cocaína cristalizada) y pequeñas bolsas de cocaína que ellos mismos parten y envuelven en pedazos de bolsas plásticas.

El pequeño grupo domina y disputa una zona de unas seis cuadras a la redonda. Cuadras imaginarias, ya que la zona está en medio del cerro, y las casas están separadas por senderos que se llenan de gente de todas las edades todo el día.

 

Con pistolas y escopetas recortadas en sus manos, los cuatro caminan a cualquier hora por entre las gradas de cemento, en busca de los traficantes de drogas para conseguir la mercancía que ellos a su vez venderán a sus vecinos.

"Trabajamos y el barrio nos ayuda. Aquí no molestamos a nadie'', dice "El Menor", al explicar el sistema que han implantado en su zona, una especie de trueque por el cual ellos venden su droga y se disparan con sus rivales, y a cambio ayudan en la construcción de casas, arreglos eléctricos, y sirven como cuerpo de seguridad debido a que la policía real no ingresa a la zona".


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306733
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América