El Papa Juan Pablo II canonizó ayer al primer santo de América Central, en una multitudinaria misa en la capital de Guatemala, en la que lució cansado y debió recurrir a una plataforma para llegar al altar. En la parte final de una visita de 25 horas a Guatemala, el Papa, de 82 años, leyó con dificultad la homilía, en la que hizo un reconocimiento a los pueblos indígenas, y su voz sonó en ocasiones temblorosa y sofocada.
Durante la lectura, el Papa, quien padece la enfermedad de Parkinson y dolores por artritis, hizo una pausa momentánea, pero la multitud reunida en el Hipódromo del Sur, lo animó con aplausos a continuar. Unas 700,000 personas llegaron al hipódromo, donde se realizó la misa campal, para asistir a la ceremonia de canonización del Hermano Pedro de San José Betancur.
El ahora santo católico fue un misionero franciscano español del siglo XVII, que fundó una orden de sacerdotes y monjas para ayudar a los pobres de Centroamérica. A la ceremonia asistieron los presidentes de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.
En Guatemala, donde el 60 por ciento de la población vive en pobreza, la Iglesia Católica ha perdido terreno frente a otras doctrinas cristianas. No obstante, todavía un 70 por ciento de la población se dice católica, según datos extraoficiales.
Los fieles guatemaltecos, que comenzaron a llegar al lugar de la misa desde la madrugada, gritaron en varias ocasiones "Juan Pablo II, te quiere todo el mundo" bajo el sol matinal en Ciudad de Guatemala. El Papa, que cumple su tercera visita a este país centroamericano, llegó a las 08.30 hora local (1430 GMT) al Hipódromo del Sur y tras hacer un pequeño recorrido en el "Papamóvil" subió en una plataforma hasta detrás del altar para encabezar la ceremonia de canonización.
Juan Pablo II, que realiza la segunda etapa de su viaje número 97 al exterior - que se inició en Canadá la semana pasada y sigue hoy en México- hizo también un reconocimiento a la población indígena. "Deseo asimismo expresar mi aprecio y mi alegría a los numerosos indígenas, el Papa no os olvida", dijo Juan Pablo II.
"Admirando los valores de vuestras culturas os alienta a superar con esperanza las situaciones a veces difíciles que atravesais (...). Merecéis todo respeto y tenéis derecho a realizaros plenamente en la justicia, el desarrollo integral y la paz", destacó el Papa.
Durante la guerra civil que azotó a Guatemala por 36 años y terminó en 1996 con la firma de acuerdos de paz auspiciados por las Naciones Unidas, los indígenas fueron víctimas de masacres y muchos tuvieron que refugiarse por años en México. El Papa agradeció a Guatemala, de unos 12 millones de habitantes, las muestras de afecto con que lo recibió y por las que dijo haberse sentido conmovido.
"Gracias, muchas gracias Guatemala por vuestra fe, vuestra cordialidad, por esas calles tan maravillosamente decoradas. Gracias porque sé que detrás de cada flor está vuestro corazón", dijo el Papa, recibiendo el aplauso de los fieles. "Guatemala siempre fiel (...) Guatemala, te llevo en mi corazón", agregó.